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TEORÍAS Y METODOLOGÍAS
DEL ESTUDIO DE
LAS RELIGIONES Material preparado por Francisco DIEZ DE VELASCO UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA |
Lo que se presenta a continuación es una tentativa de recorrido personal, provisional y en construcción por los modos y modelos de encarar el estudio de las religiones. Se trata de una síntesis que incluye numerosas referencias bibliográficas. Resulta muy recomendable profundizar en algunas de las lecturas que se citan, muchas de ellas imprescindibles en la formación en la investigación en el ámbito disciplinar. Se puede acceder a una bibliografía general que incluye también la citada (y otros trabajos) en la dirección http://fradive.webs.ull.es/bibliohr.pdf.
Como consecuencia
de que la disciplina de
estudio de las religiones presenta una clara vocación holística (a
pesar de los problemas de la palabra y su peculiar origen -la ideó el
mismo que la palabra apartheid, Jan Smuts: F. Diez de Velasco, La Historia de las Religiones: métodos y
perspectivas, Akal, 2005,
215ss.: https://zenodo.org/records/5728283-)
caben en ella análisis que confluyen desde muy diversos campos del
saber y resulta complejo definir los criterios permitan ordenar
escuelas,
enfoques y modos de trabajo.
Sin duda la aproximación a los
hechos
religiosos sería necesariamente diferente si la realiza un antropólogo,
un sociólogo, un historiador, un jurista, un neurocientífico, un
filósofo o un psicólogo, entre otros... las perspectivas
de partida son diversas y el bagaje metodológico inclina la balanza
hacia los intereses particulares de la ciencia "madre" de cada
investigador.
Pero tan importante como este criterio resulta la óptica metodológica (el giro o línea
metodológica) o la posición ideológica/religiosa
en la que se inscribe el especialista. La religión para el historiador
de las religiones no es solamente un objeto de estudio sino que incide
directamente en el conjunto de las creencias
personales, que en última
instancia resultan imposibles de soslayar, aunque existen diferentes
grados
en su influencia.
No se enfrenta al análisis
religioso
con los mismos ojos un teólogo
católico (como el padre Wilhelm
Schmidt), un teólogo
protestante (como Rudolf Otto),
un ateo "oficial" soviético
(como Serguei Tokarev), un ateo "a la euroamericana"
(como Gregory Bateson), un político, librepensador y masón
(como Eugène Goblet d'Alviella
1846-1925 que fue profesor de historia
de las religiones en la ULB, plantea los tres niveles del estudio
hierografía/hierología/hierosofía),
un místico (como lo es en
cierto modo Carl Gustav Jung y
muchos de los
participantes en el Círculo Eranos), un "buscador"
(como quizá era Mircea Eliade),
un político-ideólogo
revolucionario
antirreligioso (como Karl Marx,
a pesar de ser nieto del rabino de Tréveris), un converso al catolicismo (que cambia
su modo de ver las cuestiones como la brujería, por ejemplo) como Edward
Evan Evans Pritchard,
un materialista ecológico transformado en chamán operativo (como
Michael Harner) o un ateo budista de familia judía como Yuval Noah
Harari.
A esto hay que añadir las modas de cada época y país,
que llevan a un intelectual francés a desligarse con dificultad
del cinto ideológico construido con las aportaciones de Durkheim (y
antes de Auguste Comte y su église
positiviste
y defender los valores cohesivos de la religión que necesariamente
perduraría en las sociedades futuras) como le ocurre a Bourdieu o
Godelier, o que hizo que en los momentos de
mayor influencia de estas perspectivas resultase muy difícil para
un estudioso dejar de lado
la moda y las aportaciones del evolucionismo,
del funcionalismo, del marxismo o del estructuralismo.
Resulta por tanto muy complejo
avanzar
un criterio taxonómico que vaya más allá de una mera
recopilación
de biografías (como hace Jacques Waardenburg (Classical Approaches to the Study of
Religion,
2 vols., La Haya-París, De Gruyter, 1973-74, en Religion and Reason
3-4, que es una colección de monografías muy destacada enfocada en
metodología y teoría, por
ejemplo), que por otra parte es un cómodo recurso que,
desde luego, refleja bien tanto la variabilidad del pensamiento de un
autor
a lo largo de su vida como la identidad de sus modos de trabajo al
margen
de la escuela (real o supuesta) a la que pertenezca o en la que se le
encasille.
La disciplina de estudio de las
religiones,
además, y quizá en mayor medida que otras disciplinas más
consolidadas académicamente, ha tendido a generar individualidades
difícilmente reductibles, pensadores que más que transmitir
los modos de hacer de una colectivo (o una escuela) avanzaban por
caminos
personales intentando profundizar, sobre todo cuando habían superado
los límites de una subespecialización particular, en la globalidad
de una reflexión cuyos márgenes poco establecidos terminaban
solamente pudiendo abarcarse desde la soledad epistemológica (un
buen ejemplo lo ofrece Angelo Brelich y su introducción a los modos
de hacer historia de las religiones).
Aún consciente de que cualquier
taxonomía es un atentado reduccionista contra la variabilidad y
riqueza del pensamiento se intentará optar por una clasificación
de tipo ecléctico que aunando criterios de diferente índole
(ideológicos, de escuela, de enfoque, de metodología) intenta
establecer
una ordenación (siempre necesariamente arbitraria y discutible)
de los modos de estudiar las religiones del pasado y de algunos que se
siguen en la actualidad y de sus raíces.
1) Modelos teológicos y para-teológicos: el problema de intentar estudiar lo que se cree
Los dos primeros grupos que
se repasarán
constituyen vías de explicación y estudio de la religión
que se sostienen en apriorismos enfrentados (llevados en las líneas
siguientes a un extremo quizá caricaturesco); son el modelo teológico
(que se basa en el supuesto de que la religión sólo se explica
como algo exterior al hombre, originada en una entidad o entidades
sobrenaturales
y superiores a él, que constituyen la última realidad de
la misma) y el materialista
(que postula que la religión es un producto
ideológico, superestructural, que sirve ante todo como un eficaz medio
de dominio y
alienación). En el primer caso se estima que Dios, los Dioses, lo
sagrado (pero "mi" Dios, lo sagrado "mío") son realidades que pueden
desvelar al hombre sus secretos, en el
segundo que son ilusiones forjadas que no sirven más que para ilustrar
las miserias de la dominación de unos humanos (los poderosos) respecto
de otros (los subalternizados). Ambas aproximaciones
utilizan los medios puestos a punto por la disciplina de estudio de las
religiones en cada época para consolidar sus posiciones y a pesar
de que se basan en posturas que defienden una opción religiosa
determinada frente a las de otros
o un ateísmo irrespetuoso con las creencias de otros, siguen poseyendo
en la actualidad cultivadores
más o menos confesos.
Los modelos
teológicos y para-teológicos,
de un modo abierto y explícito en algunos casos o de un modo más
sutil o implícito en otros (en especial en los trabajos más
recientes), utilizan la historia de las religiones como cantera para
consolidar
el estatus "científico" de las creencias y dogmas que instituye
la teología (la suya propia), en una labor ancilar en la que la
"magistra" sigue
siendo la "Gran Ciencia" (como ocurría en la más pura escolástica).
Suelen ser aproximaciones religiocéntricas en cuanto otorgan un
estatus específico a una religión determinada (la del estudioso)
estimándola como la verdadera (o la más verdadera) y realizando
una gradación entre unas y otras dependiendo de la mayor o menor
adecuación al modelo que ejemplifica la propia. La "verdad" o
"falsedad" de un mensaje religioso
resulta en algunos autores, por tanto, un criterio básico a la hora
de optar por un análisis o decantarse por una metodología
determinada (ocurre lo mismo en algunos modelos materialistas para los
que todas las religiones se estiman engaños como en el
ateísmo
científico). La actitud frente al objeto de estudio no es,
evidentemente, la neutralidad metodológica (ni siquiera meramente
invocada como anhelo), sino una toma de posición más
o menos velada, más o menos consecuente, dependiendo de cada
investigador.
Nos hallamos en cualquier caso ante la priorización de un falso
problema (hacer del creer ciencia)
que termina desembocando en una vía
muerta metodológica (como ocurre, por ejemplo, con el ambicioso
Tratado
de antropología de lo sagrado que coordinó Julien Ries
-el cardenal Ries -1920-2013-). Lo anterior no quiere decir que optemos
por una descalificación de toda teología sino justamente
de la que intenta convencer y convencerse de ser ciencia, es decir,
apropiarse de un lenguaje que
justamente se construyó como vía de escape frente a los aprioris
de la teología. Cuando la teología opta por hacer comparación,
hacer religión comparada, es cuando el resultado distorsivo resulta
evidente,
puesto que el religiocentrismo inherente a toda teología necesariamente
desvirtúa tanto la comparación, como la posición de respeto a la
pluralidad o cualquier veleidad de hacer un abordaje "científico" (caso
de "creer" que tal cosa se pueda hacer).
1.1) Un (contra)ejemplo de aproximación no occidental: La ciencia de la religión según Yogananda
Los historiadores de las
religiones estan
acostumbrados a enfrentarse a aproximaciones teológicas que surgen
del cristianismo (no se puede soslayar
que una de las líneas en la consolidación disciplinar tiene
sus raíces en las facultades de teología, en particular en
los países del centro y norte de Europa) y en cierto modo presentan una
sensibilidad crítica menor hacia sus productos. Resulta interesante el
contraste que ofrece la pequeña monografía de Paramahamsa
Yogananda (1893-1952) que porta un título que es una declaración
de intenciones:
La ciencia de la religión, de 1927. En realidad
se trata de una aproximación a la definición de la religión
desde el punto de vista de un maestro espiritual y teólogo hinduista
(de gran impacto, el primer divulgador con éxito del yoga en Occidente)
que dice desvelar la vía hacia la verdad y la divinidad a cualquier
lector que desee emprenderla. No se trata por tanto, como el título
podía llevar a pensar, de un tratado sucinto de Religionswissenschaft,
sino de un breviario en el que se exponen los métodos
clásicos para alcanzar la unión con Dios según los
predica el tipo de hinduismo que defiende el autor y que se aderezan
con
algunas citas bíblicas a modo de comparación. La verdadera
aproximación científica a la religión no sería
otra que el yoga, prístina religión de los seres humanos. Lo
interesante es que se haya optado por un título
que parece postular para la teología la plena denominación
de ciencia y para la vía teológica el carácter de
científica. Esta manera de entender la cuestión, aunque nunca
expresada de un modo tan abiertamente teológico, aparece también
en obras de "historiadores de las religiones" de óptica confesional
que, aunque escudados en un sistema de argumentaciones acorde con los
modos supuestamente
"científicos" al uso, siguen manteniendo premisas ideológicas
de índole teológica siendo uno de los medios más empleados
la deshistorización de la disciplina (lo importante es llegar al
argumento explicativo que alcanza lo que está más allá
de lo contingente -las manifestaciones históricas, las religiones-
y que escudriña en lo inmanente -la "esencia de la religión"-) y que
intentan compaginar, por ejemplo en lo relativo a las cronologías, lo
que se plantea desde su corpus de creencias (la antigüedad de las
especulaciones hinduistas al pleno paleolítico que algunos defienden)
con las fechas aceptables desde los marcos establecidos por las
ciencias históricas (la finalidad sería evidenciar que el que nombran sanatana dharma sería anterior -y
más perfecto- que cualquier
religión posterior).
Repasaremos a continuación algunas de estas aproximaciones, destacando
las que desarrollaron el padre Wilhelm Schmidt y su escuela, Rudolf
Otto,
algunos fenomenólogos de la religión y en los últimos
tiempos los autodenominados antropólogos de lo sagrado.
1.2) Wilhelm Schmidt y la escuela de Viena
Wilhelm Schmidt
(1868-1954), que
cursó estudios de teología católica y fue ordenado
sacerdote en 1892, desarrolló una larga y muy fecunda labor
como investigador y profesor de etnología (fundó la revista
Anthropos)
y dedicó sus principales esfuerzos a apuntalar la hipótesis
del Urmonotheismus (una biografía en J. Henninger en Anthropos 51, 1956, 19ss.). En
su trabajo enciclopédico
Der Ursprung der Gottesidee en
doce volúmenes (1912-1955, el último póstumo), repasa con gran
exhaustividad las
creencias religiosas de los pueblos más "primitivos", fiado en el
argumento "lógico" de que se hallarían más cerca de
la forma religiosa más antigua (prístina) de la humanidad.
Frente a lo que los informes de misioneros de los siglos precedentes
planteaban
(y que concordaba con el argumento teológico principal de la época,
que la mayoría de estos pueblos no tenían Dios ni religión,
sin duda porque sus formas religiosas no eran evidentes desde la opción
religiocéntrica de un predicador), W. Schmidt arguye, desde un esquema
evolucionista-teológico, que la fase más antigua de la religión
hubo de ser el monoteísmo. La creencia en un único Dios para
un teólogo católico pertenece no sólo a los dogmas
del cristianismo, sino que se estima premisa de la religión natural
(la religión revelada y no ya mediatizada por lo histórico,
lo cultural, lo humano). La fase monoteísta, más cercana
al mensaje verdadero se vio enturbiada posteriormente por un politeísmo
estimado degeneración del mensaje primigenio. La recuperación
del monoteísmo es una gesta ulterior de las religiones del libro.
Una crítica temprana de esta visión
evolucionista, que se sustentaba, de todos modos, en notables
predecesores
(por ejemplo A. Lang que defendió la hipótesis de la creencia
general en un ser supremo en los pueblos más "primitivos") la realizó
Raffaele Pettazzoni, el consolidador de la escuela histórico-religiosa
romana, (en 1922, Dio: formazione e sviluppo del monoteismo
nella
storia delle religioni, Roma).
Schmidt partía de un postulado no evolucionista, el uranismo, que
planteaba que la existencia de un ser supremo en los pueblos
"primitivos" se debía a la experiencia religiosa unitaria que
desencadenaba la contemplación de la bóveda celeste, ofreciendo con
ello una explicación alternativa a la teológica clásica de la
revelación divina directa. Se vertieron muy severas críticas no sólo a
las premisas sino también a los modos de investigación de Schmidt y su
escuela, aunque en ella se encuentran etnólogos respetados a pesar de
su postura confesional como P. Schebesta o M. Gusinde y admirados por
muchos otros (por ejemplo Eliade muestra sus simpatías por Schmidt y su
escuela), aunque hacia otros se expongan críticas (puede verse una
reflexión por parte de Ramón Valdés del Toro en https://doi.org/10.5281/zenodo.3760663).
Se les acusó de cercenar o retocar ejemplos que no convenían a su
hipótesis general (al amparo, por ejemplo, del fácil argumento de la
degeneración
del rito o la creencia primigenia). La enorme variabilidad de las
religiones que impide desarrollar
teorías que las expliquen desde argumentos simples, y el abandono
de los presupuestos analíticos unilineales, hacen que los trabajos
del padre Schmidt hayan perdido su impacto y que los defensores de la
opción
teológica hayan rehuido generalmente, a partir de ese momento, el
camino resbaladizo de la investigación de tipo histórico
para optar por la relativa seguridad de aproximaciones intemporales
(que
resultan mucho más difíciles de contestar desde los presupuestos
habituales de la crítica académica).
1.3) Lo "santo" y el impacto de una visión plenamente teológica
En 1917 se publicó un ensayo
que
ha tenido una gran influencia tanto entre los historiadores de las
religiones
(y en particular entre los fenomenólogos) como entre los no
especialistas:
Das
Heilige de Rudolf Otto. Este investigador alemán, fundador de
la escuela de Marburgo (véase sobre este colectivo Michael Pye, Marburg Revisited: Institutions and
Strategies in the Study of Religions, Marburgo: Diagonal, 1989)
tuvo una formación de teólogo y desde
1904 fue profesor de teología sistemática. En un lenguaje
poético del que no estaba ausente la experiencia personal (en la
que fue, parece ser decisivo, el contacto con las religiones orientales
durante un viaje a la India) plantea el concepto de lo sagrado como mysterium
tremendum al que acceden algunas personas especiales y que resulta
ser
la esencia de la religión. Lo "santo" es una experiencia además
de un motivo de estudio, que se inserta en la historia y se explica
solamente
dentro de la historia (renegando Otto del concepto de religión
natural),
que así se configura como el marco para "la predisposición
natural para el conocimiento de lo santo" (Otto, 227). Resultan
ejemplares del sólido anclaje teológico en el que el autor
se mueve las últimas frases de su obra
en las que defiende los grados
de acceso a lo "santo". En potencia late en la "masa", aumenta en el
escalón
superior que forma la figura del profeta y por último es patrimonio
en el grado supremo y en palabras textuales: "de quien, por una
parte posee
el espíritu en toda su plenitud y, por otra parte, él mismo,
su persona y su obra, se convierten en objeto de la intuición
divinatoria,
en apariencia y manifestación de lo santo. Este es más que
un profeta. Es el "hijo"". Como en el caso de su contemporáneo
Nathan Söderblom, arzobispo luterano, teólogo
y responsable de la enseñanza de historia de las religiones en Uppsala
durante decenios (y cuyas reflexiones sobre lo sagrado precedieron y
fueron
importantes en la obra de Otto), el marco conceptual de la teología
cristiana impregna profundamente la investigación (la culminación
de esta revelación de lo sagrado que se investiga se produce según
estos autores solamente en el cristianismo), pero, y lo que es un dato
muy relevante, frente a la mayoría de los teólogos de su
época, Otto manifiesta un interés por un comparativismo que
permite superar la visión exclusivamente cristiana y así
acceder a un modelo más global. Quizá el mejor ejemplo de
esta aproximación lo tengamos en el libro que dedicó a la
mística comparada (West-östliche
Mystik, 1926 -hay traducción al francés, París 1951-) y que
resulta quizá de mayor
interés que su famoso Lo santo (cuyo título español
no deja de criticar, por ejemplo Álvarez de Miranda):
… la mala fortuna del título español del libro de Otto: Das Heilige, que fue vertido al español por Lo Santo... la versión española no debió nunca intitularse Lo Santo, sino Lo Sagrado. No es igual. Y ya ese quid pro quo revela que, en los oídos españoles, esto del vocabulario religioso ha solido sonar siempre a música celestial. No se trata de un error lingüístico, sino de algo más intrincado, resumible como una falta de sensibilidad intelectual (más bien ambiental que individual) por los fenómenos religiosos... la cuestión que aquí se apunta... puede resumirse como la grave dificultad que implica siempre la tarea de traducir un libro renovador -el de Otto lo era- en un país sin la tradición intelectual específica, y, por tanto, verbalmente desprovisto de la herramienta técnica que el caso concreto requiere. (Ángel Álvarez de Miranda, "Un tratado de Historia de las Religiones", Cuadernos Hispanoamericanos 61, 1955: 111-112) |
Este modo de estudio
propugnado por Otto,
que a la vez es búsqueda personal interior de lo "santo"-sagrado,
ejemplifica una aproximación intuitiva e incluso mística
que han seguido con mayor o menor entusiasmo otros muchos
investigadores.
Desatacan, por ejemplo, Friedrich Heiler ("La historia de las
religiones como preparación para la cooperación entre las religiones"
en M. Eliade/J. Kitagawa, Metodología
de la historia de las religiones, Barcelona, 1986 (Chicago,
1965), 167ss.) o el notable traductor
mallorquín Juan Mascaró (cuya recopilación titulada
Lamps
of Fire, de 1966, presenta las diversas tradiciones religiosas como
ilustraciones de la vía de desarrollo espiritual a seguir).
A pesar de la complejidad y
diversidad
de su producción, que resulta muy difícil de encasillar,
quizá en este apartado convendría situar a un pensador del
fenómeno religioso tan creativo y polifacético como Raimundo/Raimon
(refleja el paterno Ramuni)
Panikkar. Ha ahondado en los valores de la interculturalidad y en
la caracterización de lo que es religión, divinidad, etc.
desde una óptica superadora de los marcos del pensamiento occidental,
aunque sin apartarse de una orientación que difícilmente
se puede definir al margen de los intereses primordiales de la teología
(de hecho defiende que tal
diferenciación resulta un falso problema,
un error epistemológico de raigambre eurocéntrica). Profesor
de religiones comparadas en la Universidad de California en Santa
Bárbara,
su perfil de creyente multirreligioso ofrecía un interés
para un modo de entender la disciplina muy "a la californiana", que
planteaba
que no se puede conocer bien las religiones desde fuera, de ahí
que la múltiple adscripción religiosa era un aliciente indudable,
aunque se trate de una vía que no deja de plantear serios
interrogantes
desde el punto de vista metodológico y teórico (convertir
la disciplina en una especie de parlamento de las religiones o de foro
permanente de diálogo interreligioso en el que las voces que se
buscan son las de los creyentes).
Podría también, en cierto
modo, incluirse en este apartado incluso a un estudioso de la
complejidad
y habilidad de Mircea Eliade;
en alguna de sus
múltiples facetas de investigador ha tocado temas y ha desengranado
enfoques (por ejemplo su hermenéutica total que no renuncia a los
caminos más difíciles de transitar) que son habituales en
estas vías en las que la teología se diferencia mal del enfoque
científico. También el círculo Eranos tiende a algunas
coincidencias con este camino (aunque se tratará en un apartado
específico) e incluso algunos pensadores de la "New Age"
como Rupert Sheldrake o incluso el prolífico Ken Wilber,
con sus síntesis muy ambiciosas que intentan aunar ciencia y
tradiciones
milenarias, recuerdan la ambición de Rudolph Otto de explicar la
religión desde la experiencia de dentro.
Pero hay un momento en que este tipo
de
aproximaciones se diferencian con dificultad de otras ya completamente
no-académicas o cuando menos para-académicas como la del
"pensador marginal" y esotérico René Guénon
(1886-1951),
que se entroncaba en el perenialismo, postulando la existencia de una
tradición primordial
traicionada en el desarrollo histórico de las religiones y en
particular
por el cristianismo (no así el islam) o por otros movimientos
"esotéricos" como el espiritismo o la Sociedad Teosófica (que llamaba
teosofismo, frente a la teosofía "tradicional" que reivindicaba). Esta
tendencia unitarista
(que lee lo sagrado como un unicum
con modos de manifestación
muy diversos -en cierto modo basándose en pre-conceptos parecidos
a los de Wilhelm Schmidt-) tiene notables defensores, destaca quizá
por el impacto editorial de sus trabajos y por la ambición de sus
síntesis Frithjof Schuon, que se esfuerza por apuntalar el postulado de
la existencia de
una tradición perenne que espera ser desvelada (que entronca en
ocasiones con el esoterismo y el ocultismo tan estudiado en lo relativo
al mundo occidental por los muy activos implicados en la línea
académica de investigación sobre Western Esotericism
como Antoine Faivre, Wouter Hanegraaf, Marco Pasi o Kocku von Stuckrad,
la revista Aries y la ESSWE). Esta posición no parece
más que una elaboración adaptada a un mundo de diversidades
religiosas y culturales de la idea de la existencia de una "religio
perennis" o "theologia perennis"
(o incluso
"philosophia perennis")
tan afín al pensamiento teológico cristiano. En esta línea
se podría clasificar a Titus Burckhardt, como ejemplo de
lo que algunos denominan pensamiento tradicional y que se manifiesta en
diversas revistas y boletines de grupos de adeptos (en España
mantuvieron
esta tendencia hasta su desaparición las revistas Cielo y Tierra
y Axis Mundi). Plantean que existe un nivel de sabiduría
intemporal, que se mantiene en grados diversos de pureza en toda una
serie
de
culturas del mundo (entre ciertas sociedades de carácter tribal
como los nativos norteamericanos, en muchas líneas esotéricas
del islam, el budismo, el hinduísmo, y por supuesto de modo
quintaesencial
en el ocultismo cristiano). Incluso Aldous Huxley cabría entenderse
como seguidor (por
lo menos en cierto momento de su voluble biografía) de este modelo
de entender el mundo. Afín a este tipo de postulados resulta la
posición metodológica del pensador marginal (y en cierto
modo maldito) Julius Evola (1898-1974) o incluso
de Ellémire Zolla (1926-2002).
Esta concepción del mundo puede
terminar adentrándose plenamente en territorios abismales como los
que ejemplifica la producción de los esoterismos diversos
(rosacruces, gnósticos, seguidores de maestros varios como Gurdjieff,
etc.) o las elucubraciones de los miembros de la Sociedad
Teosófica, y en particular de Helena Blavatsky (P. Washington, El mandril de Madame Blavatsky. Historia
de la teosofía y del gurú occidental, Barcelona, 1995 (Londres,
1993)) les dedica un demoledor trabajo) que tantas derivaciones han producido
(por ejemplo en la consolidación del ideario de ciertos grupos "new
age").
1.5) Aproximaciones fenomenológicas
Una presentación más extensa
redactada en 2006 puede verse en https://doi.org/10.5281/zenodo.10700709.
La deshistorización que
propugnan
Nathan Söderblom o Rudolf Otto y en la que ahondaron los fundadores de
la escuela
holandesa (Cornelis Petrus Tiele (1897-1899) y Pierre Daniel Chantepie
de la Saussaye (1887-1889), ambos teólogos) maduró, como
una aproximación metodológica de primer orden, con la consolidación
de la fenomenología de la religión. Este modo de aproximación
a los hechos religiosos ha sido entendido de dos maneras. La extensa,
que
no tiene particularmente en cuenta las raíces filosóficas
del término fenomenología, terminó intentando generar
una ciencia específica cuya finalidad fuese el estudio de la religión
siguiendo un esquema diverso del histórico o incluso una
macrodisciplina
en la que el análisis histórico fuese únicamente una
de las posibles vertientes. La estricta, por su parte, enraíza
directamente
con la escuela de Husserl y la fenomenología filosófica e
intenta acceder a un análisis religioso en el que la intuición
se configura como el camino para profundizar en la "realidad" que
trasciende
lo particular. En el primer caso ha terminado convirtiéndose en
un mero sistema clasificatorio o tipológico (Laurie Honko (ed.), Science of Religion: Studies in Methodology,
La Haya: Mouton, 1979, 141ss.)
que, además desde los años 1980 ha perdido a gran parte
de sus defensores y caído en una cierta desgracia (aparece como un
método filosófico
y no ya como el macrosistema de análisis que, por ejemplo, se postulaba
hasta los años setenta, por ejemplo Arvind Sharma, "An Inquiry into the
Nature of the Distinction between the History of Religion and the
Phenomenology of Religion" Numen
22, 1975, 81ss. o Sharma (et al.), To
the Things Themselves: Essays on the Discourse and Practice of the
Phenomenology of Religion, Berlín: De Gruyter, 2001), en el
segundo
caso resulta una aproximación que entronca de manera evidente, por
ejemplo, con los modos de investigación de Rudolf Otto y que ha
empleado en algunos de sus trabajos Mircea Eliade. El impacto que ha
ejercido
la aproximación fenomenológica se debe en gran medida a la
profundidad y calidad de uno de sus representantes, Gerardus van
der
Leeuw, primer presidente de la IAHR. En 1933 publicó Phänomenologie
der Religion
y marcó las pautas de una aproximación no histórica
pero a pesar de todo muy fructífera para el desarrollo de la
disciplina.
Los fenómenos religiosos se estudian desde una óptica intercultural,
sintetizadora y comprehensiva que, aunque en última instancia, y
como corresponde a la aproximación de un teólogo y sacerdote,
termine buscando una esencia que a muchos investigadores ha parecido
una
mera entelequia, pero que gracias a la finura de los análisis de
van der Leeuw, resulta particularmente explicativa. Los estudios de
fenomenología
de la religión han sido numerosos y en España han tenido un notable
éxito (como la traducción
de la monografía de Geo Widengren), con diferentes especialistas
en fenomenología de la religión entre los que destacaron de
modo claro Juan Martín Velasco (1934-2020) que, además de manuales o introducciones
generales (Introducción a la
fenomenología de la religión, Madrid: Cristiandad, 1978), ha
aplicado de modo muy interesante la fenomenología al tema de la
mística: El fenómeno místico.
Estudio comparado, Madrid: Trotta, 1999) o
Lluis Duch (1936-2018: Historia y
estructura religiosas. Aportación al estudio de la fenomenología de la
religión,
Barcelona: Montserrat, 1978), ambos teólogos. El primero clasificó como
fenomenólogos a
muchos autores que quizá se podrían ubicar en otros espacios
(incluyendo
por ejemplo a Mircea Eliade entre los fenomenólogos lo que resulta
matizable -aunque uno de los grandes especialistas en Eliade, D.
Allen
en la Encyclopedia of Religion tanto en la edición de 1987
como en la de 2005, siga manteniéndolo). El carácter retardatario
de la disciplina en nuestro país y la tardía implantación
en los niveles universitarios en centros no confesionales quizá
permita explicar la anomalía del fuerte y duradero impacto (y
prestigio)
de la aproximación fenomenológica en España (entre
estudiosos con formación teológica católica) decenios después de que no
fuese la opción reivindicada en los ámbitos más septentrionales.
1.6)
La antropología de lo sagrado:
una denominación ambigua
A la par que la
fenomenología de
la religión desde comienzos de los años ochenta ha ido perdiendo
adeptos al constatarse el fracaso de su configuración como ciencia
independiente y alternativa a la historia de las religiones (quizá
en parte por lo profundo de su vinculación con la teología
y su carácter ancilar frente a ésta) se intentó conformar
una sucesora, bautizada con el ambiguo nombre de antropología religiosa
o antropología de lo sagrado. No hemos de confundirla con la
antropología de la religión
(subespecialización
de la antropología dedicada al estudio de la religión para la que en
español contamos con la excelente síntesis de Manuela Cantón)
ni con la más extensa antropología simbólica.
La antropología religiosa debe
distinguirse de
la etnología, la historia y la sociología de las religiones.
Su objeto de estudio es el homo religiosus en tanto que creador y
utilizador
del conjunto simbólico de lo sagrado y como portador de unas creencias
religiosas que rigen su vida y su conducta. No está lejos de la
etnología o ciencia del comportamiento que dio sus primeros pasos
hace algunas décadas. Cada religión tiene una posición específica en relación al hombre, a la condición humana, a la inserción del individuo en el mundo y en la sociedad. Basta considerar los Vedas, las Upanishad, los textos budistas, los textos sumerio-babilonios, los documentos egipcios de la época de los faraones o el pensamiento religioso greco-romano, para percibir las muy diversas facetas de la antropología religiosa. Existe una antropología cristiana que encuentra su fundamento en las tradiciones bíblicas, pero que está profundamente marcada por la impronta de Jesucristo, el Hombre-Dios que arroja una luz nueva sobre el ser humano, sobre el misterio del hombre y la condición humana. Esquematizada en sus líneas generales por los textos del Nuevo Testamento, y de manera particular por san Pablo, esta antropología cristiana fue elaborada por los Padres de la Iglesia, llevados por el entusiasmo que en ellos suscitaba el hombre nuevo, el hombre cristiano. Esta antropología conoció recientemente una adaptación a la cultura ya las ciencias actuales por la promulgación de la constitución Gaudium et Spes del Vaticano II, el 7 de diciembre de 1965. Dice este documento: "Es, por consiguiente, el hombre; pero el hombre todo entero, cuerpo y alma, corazón y conciencia, inteligencia y voluntad, quien será el objeto central de esta exposición" (Gaudium et Spes, 3, 1). Introducción de J. Ries al volumen I de J. Ries (ed.), Tratado de Antropología de lo sagrado, Madrid, ed. Trotta, 1995 (Milán, 1989) (más citas) |
Estas formas de entender el estudio de lo sagrado que hemos repasado, y que suelen tener su cantera entre sacerdotes y teólogos, presentan un problema crucial de base: si no se liman sus connotaciones más religiocéntricas (esenciales por otra parte a la teología) se impide la forja de un lenguaje común de consenso. En el mundo global actual hemos de cotejar las aportaciones de especialistas de muy diversas culturas, si éstos actúan en última instancia como teólogos e intentan establecer como verdades científicas las certezas o dogmas de cada teología particular (como ocurre con Ries o con Yogananda con el que comenzábamos este apartado) no habrá camino para una disciplina que comenzó a delimitar sus competencias justamente cuando empezó a construir modos de trabajo diferentes de los teológicos. La teología y la historia de las religiones (o como se la quiera denominar) son aproximaciones necesariamente diversas, pero como un fénix la primera parece intentar, con métodos y presentaciones diversas, apuntalar su presencia en la segunda, probablemente porque muchos teólogos son conscientes del estrecho marco de cada teología particular y desearían poder construir una teología de las religiones, ideal que en cierto modo equivaldría a "desvelar" la religión natural (pero que necesariamente debería coincir con la religión propia o la perspectiva teológica derivaría hacia derroteros diferentes).
Sirvan como contrapunto a
estas especulaciones teológicas y para-teológicas
las aproximaciones materialistas a la religión. Levantan un edificio
conceptual radicalmente diferente puesto que se basa en la premisa de
la
no existencia de cualquier entidad que se revele, de cualquier
sacralidad
que tenga su origen en horizontes diferentes de los que construye el
ser
humano para fines de alienación, dominio y explotación.
2) La
religión
como invención: las sospechas materialistas
Las interpretaciones materialistas, si bien
tienen numerosos predecesores, se concretan a partir de mediados del
siglo
XIX con las reflexiones de Feuerbach y de Marx; toman forma de escuela
académica en la Unión Soviética con la instauración
de la disciplina denominada
ateísmo científico y presentan
muy diversas materializaciones y ramificaciones en modos no marxistas
de
pensamiento. Las siguen investigadores
ateos (o cuando menos no religiosos), que como premisa apriorística,
niegan la existencia de cualquier realidad suprahumana, pero que
incluso
pueden llegar a defender una postura antirreligiosa (desde luego en las
antípodas de la neutralidad metodológica y muy enraizadas en opciones
de hostilidad metodológica).
El principal interés
de estas aproximaciones es que enfocan la investigación hacia la
determinación del papel de la religión como mecanismo de
explotación y alienación.
Escuelas de pensamiento ateas (Gonzalo Puente Ojea es clave en la
caracterización del fenómeno y sus obras resultan de gran interés) han existido,
por lo menos, en tres grandes culturas de la antigüedad: en la India,
en China y en la Grecia clásica, pero veremos los desarrollos modernos.
2.1) Marxismo y estudio del fenómeno religioso
En 1841 apareció la primera edición de la polémica obra de Ludwig Feuerbach La esencia del cristianismo, en la que se defendía una crítica radical tanto del cristianismo como de la religión desde una postura militante materialista atea. La religión para este autor es falsedad, irracionalidad, "condición infantil de la humanidad". La influencia de Feuerbach en Marx, tanto como sistematizador de la crítica a la religión como contramodelo (en Engels) es destacada. Tres años después de la publicación de La esencia del cristianismo, Marx escribió la Crítica de la filosofía del derecho de Hegel en la que expone, sin afán sistemático, su reflexión sobre el papel de la religión, en la que destacan las frases (algunas muy célebres) siguientes:
"El hombre hace la religión; la religión no hace al hombre ... pero el hombre no es un ser abstracto que ocupa el mundo desde fuera. El hombre es su propio mundo y es también el estado y la sociedad. Este estado, esta sociedad producen la religión, una conciencia invertida del mundo ... El sufrimiento religioso es, a la vez, expresión del sufrimiento real y una protesta contra el sufrimiento real. La religión es la expresión de las criaturas oprimidas, el sentimiento de un mundo sin corazón y el espíritu de una situación desespiritualizada. Es el opio del pueblo. El pueblo necesita abolir la religión, su felicidad ilusoria, para recuperar su verdadera felicidad". |
El impacto de esta línea de
pensamiento,
muy condicionada por las premisas de la lucha política y de la forja
del contramodelo (con claros ribetes religiosos por otra parte, no hay
que olvidar que Marx era nieto del rabino de Tréveris) del paraíso
comunista no ha sido, en realidad, muy destacable entre los
historiadores
de las religiones (en el sentido amplio del término). Tanto porque
se trata de un reduccionismo excesivo, como porque resulta muy poco
respetuoso
con lo que se quiere estudiar (que de igual modo se comprende mal si se
piensa
que se trata de un cúmulo de falsedades desde una opción
atea que teológica) o incluso porque la casi totalidad de los
especialistas
en la disciplina han sido por su extracción sociológica profundamente
hostiles al mensaje marxista aunque haya una cierta aproximación a
algunas premisas marxistas (pero desde una posición crítica matizada
por otros ismos como el estructuralismo o el uso del psicoanálisis) por
parte de diversos autores entre los que pueden citarse por su aporte
destacable a los estudios de religiones, por ejemplo, la figura de
Maurice Godelier que revisamos luego o en Italia Ernesto de Martino -1908-1965- o Vittorio Lanternari -1918-2010-).
El marxismo ha influido tan poco que resulta inhabitual encontrar
estudios
profundos y monográficos sobre la religión como estrategia
de explotación (si excluimos por ejemplo temas puntuales como el
milenarismo o las revueltas religiosas medievales o modernas). Faltan,
desde luego, análisis comprensivos de las religiones mundiales
confeccionados
desde esta óptica, quizá porque no resulta nada fácil
tener en cuenta toda la riqueza de facetas de una religión determinada
si se la mira desde un esquema apriorístico excesivamente estricto.
Estas puntualizaciones, de todos
modos,
si bien resultan pertinentes en lo que se refiere al desarrollo de la
disciplina
en los países "occidentales" no reflejan toda otra realidad, la de
la historia de las religiones soviética (extinguida desde hace décadas,
incluso en Cuba, quizá por eso empieza a
interesar puesto que ya no representa el peligro del contramodelo).
2.2) Historia de las religiones y ateísmo científico en la Unión Soviética
La Unión Soviética produjo
durante más de medio siglo un modelo de investigación y docencia
en historia de las religiones que ha sido marginado por los
especialistas
occidentales que ni siquiera suelen tenerlo en cuenta a la hora de
plantear
la historia de la disciplina. Férreamente marxista y atea, para
la que los retazos de reflexión sobre pensamiento religioso expuestos
por Marx, Engels o Lenin se tenían por bálsamo de sabiduría
que encabezaba cualquier prólogo de intenciones o incluso muy puntuales
investigaciones (la cita era el signo de la vinculación con una
ortodoxia), esta escuela resulta desconocida también porque muchos
de sus miembros, escudados en una práctica glotocéntrica
rusa (no publicar más que en ruso, vehículo lingüístico
impuesto a los países de su entorno que les estaban sometidos),
no sintieron la necesidad de hacerse escuchar por una comunidad
científica
que, además, no aceptaba las premisas (de índole casi teológica)
en las que se basaban sus trabajos. De todos modos, gracias a los
circuitos
propagandísticos (a los que no eran ajenos los intentos de
fortalecimiento
de esta línea ideológica en Cuba, a pesar del peso en la sociedad cubana de formas de pensar que podríamos nombrar como religiosas) contamos en español
con algunas publicaciones que permiten calibrar las orientaciones
generales
de la escuela. S.A. Tokarev expone en el prólogo a su manual
de historia de las religiones el interés de la disciplina:
"Educar al hombre sobre la base de las concepciones materialistas científicas es una de las más importantes tareas ideológicas que debemos realizar durante el periodo de edificación del comunismo. El programa del partido comunista de la Unión Soviética señala la necesidad de realizar sistemáticamente una amplia propaganda científica ateísta, explicar pacientemente la endeblez de las creencias religiosas. Resulta imposible llevar a cabo la propaganda ateísta científica si no se conocen a fondo y seriamente las religiones pasadas y actuales de los diferentes pueblos. Es necesario saber con exactitud cómo y cuando nacieron las fantasías religiosas ..." S. Tokarev, Historia de las religiones, Madrid: Akal, 1979 (ed. or. Moscú 1964), 15 |
Instituto del Ateísmo Científico de la Academia de Ciencias Sociales de la U.R.S.S., El ateísmo científico, Gijón, 1983 (or. 1978). 1) El capítulo I (El objeto del ateísmo científico) se puede analizar como un "catecismo" del ateísmo, que muestra un militancia religiocéntrica (invertida) digna de los mejores evangelizadores y misionólogos. 2) El capítulo XIV (El contenido moral del ateísmo científico). El necesario alejamiento de la historia de las religiones / estudio de las religiones del endoctrinamiento moral sirve como criterio para destacar la convergencia de las visiones teológicas y las desarrolladas por el ateísmo científico y la denominada historia de las religiones soviética. Las preocupaciones morales y propagandísticas desvirtúan completamente los análisis de esta escuela claramente religiocéntrica (desde un religiocentrismo ateo que ¿resta fuerza al argumento que distingue ópticas confesionales de no-confesionales?). Para profundizar: S.A. Tokarev, Historia de las Religiones, Madrid, 1979, 27ss.; A. Kryvelev, Historia atea de las Religiones, Madrid, 1984 (la edición original rusa no llevaba el calificativo atea, era solamente "historia de las religiones"), 7ss. |
Menos conocidas son las
aproximaciones que se plantean desde la investigación académica
en China, a pesar de que la asociación dedicada a la disciplina en ese
país forme parte de la IAHR, pero sin una participación
teórico-metodológica destacable. No se pueden obviar las consecuencias
en lo relativo al pensar la religión que se derivan del denominado
"pensamiento Xi Jinping" que puede actuar a la par que Marx o Lenin
como línea directriz teórica de muchos estudiosos en China (y que
parece permear tanto las propias prácticas como el estudio académico,
por ejemplo, del budismo).
2.3) Otras aproximaciones materialistas
Existen
otras aproximaciones al estudio
de la religión que si bien se han confeccionado desde la óptica
general del materialismo no presentan los aprioris tanto del
pensamiento
marxiano como del enfoque soviético y que, por tanto, están
abiertos a modos diversos (como el estructuralismo, por ejemplo) que
atemperan
el religiocentrismo (al revés) de la opción antes repasada.
Así el materialismo, en particular el marxista,
depurado
de sus caracteres más militantes y en cierto modo domesticado
(convertido
en estrategia de investigación y no ya en método de lucha
política), al abrirse a las corrientes que convulsionaron las ciencias
humanas en los años setenta (en particular el estructuralismo) ha
generado intelectuales como Maurice Godelier (1934-) que lejos
de optar por análisis reduccionistas ofrece explicaciones
muy eficaces sobre el papel de la religión tanto en sociedades étnicas
como actuales. Este
autor, que
ha intentado determinar los valores de la religión en las sociedades
precapitalistas (para las que el análisis marxiano estaba menos
que meramente esbozado); más que únicamente ideológicos,
éstos terminan permeando a la propia estructura social, determinando
los modos en que la sociedad produce, se reproduce, regula las
relaciones
entre sus miembros (en particular entre varones y mujeres, en el
antagonismo
más intenso en esas sociedades como muestra el ejemplo de los baruya) (obras
de Godelier de interés: Economía, fetichismo y religión
en las sociedades primitivas. México: Siglo XXI, 1974: / La
producción de Grandes hombres : poder y dominación masculina
entre los Baruya de Nueva Guinea Madrid: Akal 1986 (1982) / Lo
ideal y lo material: pensamiento, economías, sociedades Madrid:
Taurus.1989 / El enigma del don. Dinero, Regalos, objetos santos,
Barcelona: Paidós Ibérica, 1998 / En
el fundamento de las sociedades humanas, Amorrortu, 2014 / Quand l'Occident s'empare du monde
(XVe-XXIe siècle). Peut-on alors se moderniser sans s'occidentaliser?,
Paris: CNRS, 2019).
Los puntos de vista materialistas, si consiguen
mitigar
la tendencia religiocéntrica (al revés) pueden resultar muy
útiles para abrir los ojos ante ciertas manifestaciones de la religión
que suelen ser soslayadas por puntos de vista de carácter idealista.
Para avanzar con este rápido repaso
a las aproximaciones materialistas y ateas, que de todos modos han
afinado
los análisis como consecuencia de los avances de la disciplina durante
todo el siglo XX y XXI (algo que los investigadores soviéticos no
tuvieron
en cuenta como principio ya que minusvaloraban la historiografía
burguesa), conviene referirse al materialismo cultural y a Marvin
Harris
(1927-2001). Parte del presupuesto de que la religión es un
mecanismo superestructural que tiene su origen en las condiciones
infraestructurales
y estructurales y no al revés (de ahí
que sea una opción materialista y como es antropólogo insiste en
conceptos que redelimita como emic-etic
-de un modo diferente a como lo planteó Pike- o mental-conductual) y emplea el
análisis ecológico-religioso
de un modo muy sistemático (esta aproximación, que presenta
características
propias no siempre necesariamente ateas y radicalmente materialistas y
hasta ha producido sus conversos, como Michael
Harner/Chamán
Blanco: 1929-2018). Las explicaciones que genera este método son
interesantes
y fructíferas en lo que se refiere a sociedades a pequeña
escala pero cuando se trata de análisis religiosos de sociedades
de gran complejidad (en las que la variante ecológica no es tan
directamente determinante en la consolidación del sistema social)
resultan muy discutidas (como por ejemplo el estudio del mesianismo
judío, el análisis de Levítico 11 -y en general de la porcofobia-; o el
análisis de
la sacralización de la vaca en la India).
Muchos investigadores, englobados en
muy
diversas opciones de análisis y puntos de vista a la hora de enfrentar
el estudio de la religión han mantenido posiciones ateas o no
religiosas,
pero no necesariamente se deben englobar entre las opciones
materialistas,
puesto que pueden primar en sus análisis otros criterios que los
que hemos visto que resultan fundamentales en el materialismo. Quizá el
mayor
escollo, para la capacidad explicativa del materialismo la encontramos
en los análisis de religión personal, mística o extática
(fundamentales, por otra parte, para entender de modo profundo formas
religiosas
como el chamanismo -que quizá explique el radical cambio de orientación
de Harner-). Los modos de pensamiento que no se plasman de forma
directa
en conductas cuya explicación resulte fácilmente desentrañable
al margen de explicaciones puramente imaginarias (porque reflejen una
adaptación
ecológica o un sistema de explotación) tienen difícil
cabida en este tipo de análisis.
Entre los modos críticos respecto de la religión y las religiones, hay que tener en cuenta una serie de trabajos actuales, surgidos desde perspectivas evolucionistas y darwinistas que generan un reto pues apuestan por una posición irrenunciablemente atea, con un lenguaje muy depurado, que ponen en duda las bases teóricas (y metodológicas) del tema de estudio; por ejemplo Daniel C. Denett (1942-2024), Romper el hechizo. La religión como fenómeno natural, Madrid, Katz, 2007 (Nueva York 2006) o Richard Dawkins, El espejismo de dios, Madrid, Espasa, 2009 (título original The God Delusion, Londres, 2006). La inclusión de los primates redefine las perspectivas: Frans de Waal, El bonobo y los diez mandamientos. En busca de la ética entre los primates, Barcelona, 2014 (The Bonobo and the Atheist: In Search of Humanism among the Primates, Nueva York, 2014). Las perspectivas de Yuval Noah Harari, Homo Deus, Debate, 2016 (Penguin, 2015) revisita los planteamientos del transhumanismo y redefine el marco de un nuevo ateísmo en el que los humanos serían como dioses.
3) Lo
social, lo inconsciente
y la religión
Lo social y lo
inconsciente son dos ámbitos
en los que se han centrado los análisis en la disciplina, desembocando
en perspectivas de investigación que en muchos casos resultan casi
irreconciliables. Corresponden a los campos de desarrollo de dos
ciencias
particularizadas, la sociología y la psicología y si bien
sus conclusiones pueden parecer divergentes, el historiador de las
religiones
(o como quiera llamársele), en su búsqueda de explicaciones
globalizadoras, está abocado a intentar conjugarlas cuando necesite
aplicar sus posibilidades de comprensión para las reflexiones en que se
introduzca.
3.1) La herencia de Durkheim
El impacto de la escuela
sociológica
francesa es muy notable en el desarrollo de la disciplina de estudio de
las religiones. Nos centraremos en las líneas que siguen, menos
en las características generales de la escuela, cuanto en la
especulación
sobre el fenómeno religioso que realizan los estudiosos que pueden
inscribirse a ella y en especial su fundador, Émile Durkheim
(1858-1917).
Dejando a un lado las elucubraciones
del
que podemos definir como precursor de la escuela, Auguste Comte,
convencido
de que podía crear una religión positiva, adaptada a los
presupuestos de la razón (una curiosa teodicea que casi hubiera
podido permitir incluirlo entre los defensores de enfoques teológicos
o para-teológicos) el verdadero consolidador
de este punto de vista, en su tiempo completamente renovador, fue
Durkheim.
De familia rabínica, siguió en su infancia una profunda educación
religiosa que quizá permita explicar su interés por los temas
de moral y religión. La obra en la que expone de modo sistemático
sus reflexiones religiosas, publicada un lustro antes de su muerte,
cuando
se encontraba en la cima de su consagración académica es
Las
formas elementales de la vida religiosa. Encara el problema
(redundante
entre los especialistas de la época) del origen de la religión
y las características de sus formas primeras (en última instancia
se estaba buscando, en la sociedad en progresiva descristianización, un
modelo de valores de fuerte raigambre más allá de los que
defendía el cristianismo). Para Durkheim la religión nacería
como concreción de los valores colectivos y el totemismo, la forma
elemental de la vida religiosa, sería la concentración en
un objeto, el totem, del símbolo de todo el grupo social. Esta
insistencia
en el carácter social de la religión le llevó a aventurar
una famosa definición: "una religión es un sistema solidario
de creencias y de prácticas relativas a las cosas sagradas (es decir
separadas, interdictas) creencias y prácticas que unen a una misma
comunidad moral" (Durkheim p. 42).
Su discípulo y sobrino (MB en la terminología de la
antropología del parentesco, una figura clave en muchas sociedades
humanas) Marcel
Mauss (1872-1959), entroncado con una prestigiosa familia judía
que contaba con varios rabinos entre sus miembros, se centró en
mayor medida que Durkheim en los estudios religiosos; sancritista y
especialista
en la religión de los pueblos "ágrafos", sus obras, diseminadas
en publicaciones periódicas y en bastantes casos realizadas en
colaboración
(en particular con Henri Hubert) son fundamentales, todavía en la
actualidad,
a la hora de enfrentar estudios teóricos sobre la magia, el sacrificio,
las técnicas corporales (descarga)
o el simbolismo de los colores.
Otro de los pensadores influyentes y
polémicos
de este grupo será Lucien Lévy-Bruhl
(1857-1939), especialista en la
obra de Auguste Comte y teórico de la mentalidad
primitiva (Les
fonctions mentales dans les sociétés inférieures, París, 1910 / La
mentalité primitive, París, 1922 / La mythologie primitive, París,
1935 / Le surnaturel et la nature
dans la mentalité primitive, París, 1931 / L'expérience mystique et les symboles chez
les primitifs, París, 1938) comenzó defendiendo la idea que no
todos los hombres presentaban
capacidades intelectivas semejantes. Los "primitivos" utilizaban un
pensamiento
prelógico que les llevaba a figurarse el mundo de un modo no regido
por la razón, frente a los civilizados que utilizaban un lenguaje
lógico y poseían una mentalidad racional. Si bien se han
vertido críticas muy duras contra estas ideas (que presuponían
la necesidad de la tutela civilizada sobre los primitivos incapaces de
autoregirse, argumento de peso en la mentalidad eurocéntrica
imperialista-colonialista)
y contra el vocabulario empleado por el autor (utiliza con profusión
el término primitivo, pero también el de sociedades inferiores)
hay que tener en cuenta que su pensamiento evolucionó notablemente
y terminó renegando tanto del concepto de pensamiento prelógico
como de las implicaciones más etnocéntricas de sus teorías. Tiene
además el interés, no sólo
de establecer las bases de los estudios de mentalidades, sino también
de realizar estudios sobre simbolismo y mística (que desentrañaba
también entre las sociedades preestatales,
lo que no era común en su época, en la que la mayoría
de los investigadores preferían acotar el uso del término
para los monoteísmos) con una sensibilidad
desusada en la escuela sociológica.
Muchos otros intelectuales franceses
se
englobaron en esta escuela o fueron influidos por ella, dedicándose
a ámbitos muy diversos de la investigación como el folclorista
y teórico de los ritos de paso Arnold van Gennep 1873-1957
(una obra que se sigue citando y cuyos análisis tienen vigencia), el
sinólogo Marcel Granet o
el helenista Louis Gernet (1932; 1968), notable renovador de los
modos
de entender el mundo griego y pieza clave en el surgimiento de la
denominada
"escuela de París" (liderada por Jean Pierre Vernant y Pierre
Vidal-Naquet). Dentro de la gran diversidad de enfoques destaca en
todos
ellos la importancia que otorgan a lo social y la influencia que han
ejercido
tanto en el desarrollo del estructuralismo como en la consolidación
de la escuela de Annales y su producto más acabado que es la "historia
total", y en cierto modo preludian un pensador sobre el fenómeno
social tan complejo como Pierre
Bourdieu (asuntos citados más adelante).
3.2) Max Weber y su influencia
Max Weber (1864-1920)
tuvo una influencia
sobre el desarrollo de la sociología (y de la sociología
de la religión) comparable a la de Emile Durkheim, del que fue grosso
modo
coetáneo. Insiste en el papel cohesivo de la religión
y en la progresiva racionalización de sus presupuestos a la par
que la sociedad se hace más compleja y que los especialistas religiosos
definen sus ámbitos competenciales. Sus análisis socio-religiosos
resultan puntualmente muy acertados (como cuando relaciona la profecía
y en particular la profecía israelita con el aumento de la presión
de los aparatos estatales en consolidación) aunque alguna de sus
tesis más famosas, como la que relaciona el surgimiento del capitalismo
con el desarrollo de la ética protestante, hayan sido desmontadas
por sus detractores (aunque sigan defendiéndola otros). En este
punto quizá el interés de Weber no tenga tanto que ver con
el ejemplo que presenta cuanto con las implicaciones del método
que se atrevió a proponer: la ideología no iría a
la rémora de la economía, sino que un cambio económico
fundamental vendría precedido de un cambio ideológico que
daría razón de ser al primero. Además
la clave para estudiar las
religiones sería intentar comprender y no solo analizar (como
proponía
la escuela que parte de Durkheim). Su producción científica
es mucho más variada que la de Durkheim y tocó temas de religión
europea como en La ética protestante y el desarrollo del capitalismo,
pero también de religión judía, india, china o en
general de teoría de la sociología de la religión
(Ensayos sobre sociología de la
religión,
Madrid: Taurus, 3 vols. 1983 ss. (ed. or. Stuttgart, 1920-1921), hay
que recordar que es una obra póstuma). La mayoría de su producción
quedó
en estado de prepublicación a su muerte y fue entregada a la imprenta
por su mujer, según una ordenación que se está revisando
en la edición alemana en proceso de publicación (de la que
Sociología de la Religión,
Madrid, 1997 (recopilación realizada por E. Gavilán) es una
primera aproximación).
Otros sociólogos alemanes presentan
una mayor influencia de la teología que Weber (que también
estudió teología entre otras disciplinas, al modo germano
de aquel entonces en que un especialista en religiones solía tener
un segundo doctorado en teología) como Ernst
Troeltsch
o Joachim Wach (aunque se le suele incluir
entre los fenomenólogos) y han tenido menor impacto global (aunque
la influencia de Wach en los Estados Unidos -fue el predecesor de
Mircea
Eliade en Chicago- es destacable).
En cierto modo el método weberiano
aunque dotado de unas implicaciones, a mi entender, abusivas, lo ha
empleado
por ejemplo Samuel Huntington
al plantear que el mundo posterior
a la guerra fría se basa en un enfrentamiento de civilizaciones
propiciado en muchos casos por los valores identitarios que ofrece la
religión.
3.3) Religión e inconsciente
Frente a lo social, la
psicología
intenta una explicación de la religión que parte de lo personal
e incide ocasionalmente en lo inconsciente. Se pueden detectar dos
grandes corrientes
de pensamiento en la consolidación de este enfoque, por una parte
los que estiman que la religión es una fase superada (e incluso
perniciosa) del desarrollo humano y los que o soslayan este tema o
emiten
la opinión contraria.
El carácter ilusorio de la religión,
que ya aparecía en Marx y que desarrolló desde un anticristianismo
(y también antibudismo) Friedrich Nietzsche se postula de modo
sistemático en el padre de la psiquiatría
Sigmund Freud. La ilusión en este caso no surge de la divinización
de lo útil o de las artimañas de la explotación sino
del remordimiento: esta es la explicación que presenta Sigmund
Freud (1856-1939) en su célebre (y casi tan mitológico
como los relatos de los ateos antiguos) Totem y Tabú de 1912.
El asesinato del padre (pecado original) en la fase más arcaica
de la historia social del hombre (la horda nucleada por un macho alfa)
y el
remordimiento de los hijos tras la desaparición del genitor y la
violación de las hembras (y la madre) generó el complejo
de Edipo y la subsiguiente divinización del patriarca muerto convertido
en un padre supramundano (con una carga de patriarcalismo de carácter
judío muy característica: véase el análisis
del judaísmo que hace en Moisés y la
religión monoteísta y otros escritos sobre judaísmo y antisemitismo,
Barcelona, 1988 (1939). La religión sería
pues una suerte de neurosis colectiva, una actitud de infantilismo que
ilustra los miedos del hombre a tomar plena consciencia de sí. La
teoría
freudiana de la religión, a pesar de su brillantez como gran relato
y de estar avalada por uno de los sabios más influyentes de la historia
humana, resulta un camino en cierto modo ciego puesto que impide tomar
en serio (como objeto de estudio de interés) algo que se estima
patológico, a pesar de que en algunos ámbitos (especialmente en los
seguidores de las aproximaciones lacanianas, estuvo de moda pasar por
la experiencia psicoanalítica para estar capacitados para ahondar en el
conocimiento, en nuestro ámbito de estudio, de lo que creen otros -y
también quien se psicoanaliza-, una experiencia que con una fuerte
carga de crítica expone, por ejemplo, Jeanne Favret-Saada en una serie
de entrevistas de gran interés sobre su trayectoria vital: Jeanne
Favret-Saada. Livre 5. À la recherche d’ensorcelés et de désorceleurs,
et ... la psychanalyse en http://www.fabriquedesens.net/Jeanne-Favret-Saada-Livre-5-A-la?lang=fr
o en https://www.youtube.com/watch?v=GVczYb5opNo).
Una forma diferente de entender la
psicología
de la religión se establece por ejemplo con Carl Gustav Jung
(1875-1961),
William James, Henri Bergson, Erich Fromm, la psicología
humanista y la transpersonal. Donde quizá se marcan las diferencias
de modo más claro es en el análisis de las experiencias místicas,
uno de los temas más extrañantes que se presentan al historiador de
las religiones. En el primer caso (el psicoanálisis freudiano típico)
la experiencia mística se entiende como una experiencia psicótica
y por tanto perniciosa, los trances místicos en mujeres se estiman
una suerte de histeria (diagnóstico de moda hace décadas, ahora se
entenderían como anorexia) y en los hombres un tipo de alucinación
paranoica
(o de otro tipo), todos ellos sirven para ejemplificar la alteración
del estado normal (aunque hay que tener en cuenta el análisis freudiano
de lo que denominaba sentimiento
oceánico). En la segunda opción
la experiencia mística se analiza como una inmersión en topoi
recónditos del inconsciente que nada tienen que ver con la psicosis
sino con una mayor complejidad de la psicología humana de lo que
el psicoanálisis clásico (freudiano) estimaba. William
James (1842-1910) en su famoso (y todavía reeditado) The
Varieties
of the Religious Experience de 1902, Henri Bergson en su Les
deux
sources de la morale et de la religion de 1933 o más recientemente
Erich Fromm (Psicoanálisis y religión,
Buenos Aires, 1971 (París, 1968)) destacan que algunas experiencias
religiosas (y místicas) resultan una necesidad (y no una necedad)
por parte de ciertos individuos. La sistematización y generación
de un modelo explicativo que se postula como sólido se realizará
desde dos grandes perspectivas (la más reciente basada en la anterior):
la que trazará Jung con su hipótesis del inconsciente colectivo
y la teoría de los arquetipos y la que levantará la psicología
transpersonal con el análisis en laboratorio de las experiencias
religiosas cumbre (las obras de Wilber, Grof, Tart; White o
también
y antes Maslow).
En otra línea distinta, las ciencias de la mente,
campo en plena expansión, intentan consolidar una ciencia cognitiva
de la religión (la neuroreligión, de la que se volverá
a hablar: https://fradive.webs.ull.es/masterocw/20b/index.html) que se basa también en el análisis de experiencias
religiosas en laboratorio, pero materializando en el cerebro (y en sus
modos de funcionamiento de carácter físico) el origen de
la religión.
4) Evolución,
función, estructura, símbolo
4.1) Comparación y evolución
El surgimiento de la
disciplina de estudio
de las religiones como disciplina científica se engarza en una serie
de cambios en las mentalidades europeas (dentro de las transformaciones
que propicia la modernidad) que se desatan con la aceptación entre
la elite intelectual del evolucionismo que conllevó el progresivo
deterioro de los modos explicativos teológicos de la historia del
mundo y del hombre. La religión se piensa en el seno de un continuum
de mutaciones en las culturas humanas que ahora es lícito (desde
el punto de vista científico) comparar y estratificar. La comparación,
además, se basa, tras la asunción del cientifismo de la metodología
de la crítica filológica, en nuevas técnicas, cada
vez más depuradas e incontestables (frente a los cada vez más
débiles argumentos de la teología y la fe). Surge en este
contexto intelectual la figura de Friedrich Max Müller (1823-1900),
que aunque cristiano y defensor (por lo menos en el campo de las
convicciones
personales) de la superioridad de este mensaje religioso, se pliega al
cinto
metodológico de no minusvalorar ninguna tradición religiosa
y estudiarlas en igualdad de condiciones. Al amparo de la filología
comparada encontró un campo de trabajo en el que las opiniones no
resultaban en gran medida comprometedoras para el resultado de sus
investigaciones.
Müller centró sus desvelos en la comparación religiosa
usando como base los textos religiosos (que se encargó, además
de ofrecer en traducciones en la serie SBE -Sacred Books of the East-), buscó
una evolución
en el material que estudiaba, principalmente los mitos y ritos de los
pueblos
indoeuropeos, planteando que los textos védicos eran los más
antiguos y por tanto punto de partida de la comparación (con un
método que los filólogos empleaban, por ejemplo, para ordenar
la transmisión manuscrita de las obras antiguas). Para Müller
el pensamiento religioso estaba conectado con lenguaje religioso y
creyó
poder determinar gracias a la investigación filológica el
origen de un mito, un rito o un teónimo remontando a su plasmación
literaria más antigua. El método de Müller
resulta teóricamente impecable para un conjunto de religiones (y
lenguas) emparentadas como son las indoeuropeas, pero es mucho más
difícil de emplear en otros casos. Llevó a excesos en el
comparativismo puesto que potenciaba las aproximaciones entre leyendas
o ritos parecidos (entre pueblos diversos) por medio de la
investigación
de raíces comunes (muchas veces inexistentes, no se tenía
en cuenta que ante situaciones parecidas la mente humana y la sociedad
pueden reaccionar de modos semejantes aunque no haya contacto ni
parentesco
cultural). De todos modos la disciplina de estudio de las religiones
debe
a Max Müller la sistematización de una de sus herramientas
de análisis más potentes: el método comparativo.
El evolucionismo ha sido clave en
los planteamientos tempranos de la antropología de la religión (en
español para la disciplina antropológica y sus vaivenes teóricos y
metodológicos contamos con el excelente Manuela Cantón Delgado, La razón hechizada. Teorías antropológicas
de la religión, Barcelona, 2001-2008 y con Brian Morris, Introducción al estudio antropológico de
la religión, Barcelona, 1995 (Cambridge, 1987) y Antropología de la Religión,
Madrid, Akal, 2009 (Cambridge, 2004)). El evolucionismo tuvo en
Inglaterra un
desarrollo particular con los estudios de Herbert Spencer, Edward Tylor
y James Frazer. Spencer
defendió que las sociedades "inferiores",
como los organismos biológicos más simples, tenían
un funcionamiento más sencillo, es decir, ideas religiosas simples.
Optó por plantear que las formas de culto primeras se dedicaron
a los ancestros divinizados, espíritus en los que se basaba el
fetichismo
pero también el totemismo (ya vimos que a este respecto las ideas
que expresará Durkheim con posterioridad serán bien diversas).
Por su parte a
Edward Tylor se debe el concepto de animismo (creencia
en los espíritus, ensoñados y difuntos) como fase primera
en todas las religiones humanas (un modelo que todavía tiene
defensores,
y en particular su definición sucinta de religión que propuso como
"creencia en seres sobrenaturales").
Defendió que las culturas "primitivas" que comenzaban a conocerse
de modo más profundo gracias a los relatos de misioneros y autoridades
coloniales, correspondían a una fase de desarrollo semejante a la
de los pueblos de la prehistoria y determinó tres etapas en la
evolución
social de la humanidad: salvajismo, barbarie y civilización. Este
evolucionismo
unilineal, que obligaba a deambular a todas las sociedades por los
mismos hitos (y convertía al animismo en una fase obligada) ha sido
muy criticado por la carga de determinismo que implicaba. Tras decenios
de abandono y rechazo, a mediados de los años cincuenta se comenzaron
de nuevo a utilizar, con aceptación, explicaciones evolucionistas,
aunque mucho más elaboradas que las decimonónicas (y que
tienen en cuenta las variantes ecológicas de un modo muy competente),
como las de Leslie White (1959) y en especial de Julian Steward (1955;
1982), cuyo evolucionismo multilineal dió origen al enfoque
ecológico-religioso
y cuyos fundamentos teóricos para el tema religioso ha desarrollado
Robert Bellah ("Religious Evolution" American
Sociological Review 29, 1964, 358ss. (recopilado en W.A.
Lessa/E.Z. Vogt, Reader in
Comparative Religion, Nueva York, 3a ed., 1972, 36ss.)) en un
artículo muy influyente y permean su
última obra (Religion in Human Evolution: From the Paleolithic
to the Axial Age, Harvard University Press, 2011, trad. española, Madrid, CIS, 2017).
Entre los miembros más preeminentes
de la escuela evolucionista destaca James George Frazer (1854-1941),
cuyos trabajos han sido muy populares y siguen reeditandose incluso en
la actualidad. Sus investigaciones son ejemplares del uso (y a veces
abuso)
del método comparativo, empleando para desentrañar un problema
religioso determinado todas las posibilidades del material acumulado
por
la etnografía y la historia. Resultó ejemplar su laberíntico
(desde el punto de vista del esquema) pero muy famoso The Golden
Bough en
doce volúmenes (comenzó la edición en 1890, la
tercera edición completa es de 1911-1915; hizo un resumen en un
solo volumen que se tradujo al español) en el que, para explicar
el sacrificio ritual del sacerdote-rey itálico del bosque de Nemi,
se emplean paralelos interculturales de todo tipo, criticándosele
que en algunos casos cayese en la sobreinterpretación. Se trató
de un investigador de salón, que no desarrolló trabajos de
campo y fundamentaba sus trabajos en las publicaciones de otros, pero
cuya
erudición y capacidad de análisis intercultural se reivindican
todavía )y que, por ejemplo, el gran referente de la antropología
inmiscuida en el campo, Bronislaw Malinowski, pidió que prologase su
célebre Los Argonautas del Pacífico
Occidental, de 1922 que
escribió en Tenerife.....)
4.2) Función y religión
Frente a las derivaciones
del comparativismo
y del evolucionismo surgieron escuelas y pensadores que enfocaban el
estudio
de una sociedad o un grupo determinado centrando la mirada en sus
particularidades,
renunciando generalmente a explicaciones globales interculturales
arriesgadas
y tendiendo a alcanzar explicaciones intraculturales coherentes
analizando
cada grupo a estudio en todos sus aspectos. Junto al particularismo histórico
de Franz Boas (1911), el funcionalismo
es la escuela más
influyente que desarrolla presupuestos de este tipo. Si bien influyó
en ella el impacto de los análisis de Durkheim (que los sociólogos
suelen englobar entre los funcionalistas aunque los antropólogos
suelen limitar la adscripción) se consolidó
con un cambio que se produce en los modos de trabajo de algunos
especialistas.
Para alcanzar una explicación global, contestando a preguntas de
índole muy diversa, era necesario dar un paso adelante en la recogida
de información etnográfica y no fiar los estudios en el trabajo
de campo realizado por muy variopintos investigadores que en muchos
casos
carecían de la sistemática requerida para alcanzar ese cambio
cualitativo en el procesamiento de información (la información
de índole religiosa muchas veces provenía de misioneros).
Bronislaw
Malinowski (1884-1942), tras largas estancias (obligadas) en
Melanesia en las que
llegó a un conocimiento muy profundo de sus habitantes (en especial
de los trobriandeses) y su cultura (y desarrolló enormemente las
técnicas antropológicas de recogida de información),
llegó a la conclusión de que las funciones de la religión
eran la explicación del mundo (que procura el consuelo psicológico
de la seguridad) y la validación (por medio de lo sobrenatural)
de las instituciones determinando así el aumento de la cohesión
del grupo y de su eficacia (por ejemplo a la hora de desarrollar
ciertas
actividades arriesgadas por medio de la protección mágica:
Malinowski, Magia, ciencia y religión,
Barcelona: Ariel, 1974 (ed. or. Nueva York, 1925)).
Alfred R. Radcliffe-Brown
(1881-1955)
(1952, especialmente) es el otro pilar del funcionalismo británico
aunque la sutileza de sus métodos de análisis preludian el
estructuralismo o la interpretación simbólica. Estaba menos
interesado en desentrañar orígenes que en explicar funciones
y significados, en mostrar cómo la religión es un mecanismo
de mantenimiento de la cohesión social. La variabilidad de las
sociedades
conlleva variabilidad de adaptación de la religión a las
necesidades sociales (y de ahí lo inútil del intento de determinar
el origen de una creencia religiosa frente a lo fructífero de analizar
la función que desempeña en el universo de explicaciones
de un grupo social dado). Los grupos sociales, además, no realizan
de modo arbitrario la elección de sus formas religiosas sino que
las establecen según un código (un lenguaje ritual o simbólico)
determinado (que se explica en conexión con el cuerpo de valores
de esa sociedad).
4.3) Más allá de la función: religión, rito, símbolo
Como acabamos de ver ya
Radcliffe-Brown
se adentró en sus análisis más allá de la función
para intentar alcanzar explicaciones más comprehensivas. Esta
orientación
queda potenciada en la obra de Edward Evan Evans-Pritchard
(1902-1973),
que intenta una aproximación en la que se tenga
en cuenta tanto el desarrollo histórico como los contactos (estudia
principalmente pueblos africanos en contacto entre los que ha habido
variabilidad
cultural como resultado de éste), tanto lo social como lo psicológico.
Publicó influyentes monografías sobre temas religiosos, tanto
de tipo teórico como exponiendo resultados de trabajos de campo en que
incluso (extraño para la época, pero quizá no tanto para un católico
ritualista, performativo y abierto a lo inesperadamente no racional) se
abría a comprender la estigmatizada (por sus colegas) brujería (Brujería, magia y oráculos entre los Azande,
Barcelona, 1976 (Oxford, 1937); La
religión de los nuer, Madrid, 1982 (Oxford, 1956) o la reflexión
sintética Las teorías de la religión
primitiva, Madrid, 1973 (Oxford, 1965)).
El proceso que llevó a su conversión a los cuarenta y dos
años al catolicismo quizá permita comprender uno de sus postulados
más sorprendentes (en pluma de un antropólogo): que los
no creyentes presentan un handicap frente a los creyentes a la hora de
comprender la religión, y que por tanto éstos tratarán
los temas religiosos de un modo más profundo y adecuado que los
primeros. Para apuntalar su teoría emplea una cita de Wilhelm
Schmidt en la que éste, para criticar a Ernest Renan, usaba el
siguiente
símil: "existe demasiado peligro de que el no creyente hable de
la religión como lo haría un ciego de los colores o un sordo
completo de una bella composición musical"; desgraciadamente
al apoyar este ataque desde unos "supuestos" presupuestos científicos
(acceder a una mejor comprensión del fenómeno a estudio)
al "impío Renan", Evans-Pritchard se desliza hacia un sutil campo
de descalificación que, sustentado en argumentos teológicos,
desembocaría en la condena al silencio (o a la mera labor ancilar
de la elaboración de informes luego sintetizados por mentes "más
abiertas" a lo religioso) de buena parte de los especialistas en la
disciplina
de estudio de las religiones: sería quizá el paraíso
de las escuelas teológicas pero la agonía de la disciplina.
Algo parecido ocurre con los que postulan que "ninguna afirmación
acerca de una religión es válida, a menos que sea reconocida
por los propios creyentes" como defiende W. C. Smith ("La religión
comparada:¿a dónde y por qué? en M. Eliade y J.M Kitagawa (eds.), Metodología de la historia de las
religiones, Barcelona, 1986 (Chicago, 1965), 66ss.); resultaría
imposible con ese cinto metodológico generar, por ejemplo, una síntesis
sobre cristianismo, islam o nuevas religiones (porque todos fieles
nunca
se reconocerían en todos los aspectos expuestos en ellas). Se trata
de intentos de delimitar las competencias de los investigadores tras
los
que se esconde una opción oscurantista (parecida a la que defendían
los historiadores soviéticos del ateísmo científico
pero a la inversa).
La antropología anglosajona ha
generado,
a la par que se consolidaba en Francia el estructuralismo (como veremos
en el apartado siguiente) una serie de pensadores que han centrado sus
desvelos en ahondar en la comprensión del universo simbólico.
A Mary Douglas (1921-2007) se deben dos estudios muy
influyentes,
uno dedicado a desentrañar los códigos de pureza e impureza
(Pureza y peligro, Madrid, 2a
ed. aumentada, 1991 (Hardmonsworth, 1966)) y otro a la teoría de los
símbolos (Símbolos naturales,
Madrid, 1978 (Hardmonsworth, 1970)). Douglas
incide en la variabilidad de las culturas humanas y de sus diversos
lenguajes
simbólicos pero estima que existe una comunidad en la generación
simbólica que proviene de la referencia al modelo somático
(tomado como modelo del cuerpo social).
Por su parte Victor Turner
(1920-1983)
(La selva de los símbolos,
Madrid, 1980 (Ithaca, 1967); El
proceso ritual,
Madrid, 1988 (Nueva York, 1969)), partiendo de su conocimiento sobre el
terreno de la religión
y los rituales de los agricultores ndembu del noroeste de Zambia avanza
modelos explicativos en los que los ritos surgen como manifestaciones
del
conflicto y de la superación del mismo generando así un reequilibrio
social, aunque no deja de abrirse y ser sensible a esas peculiares
"correspondencias" que destacaba Baudelaire al hablar de las "forêts de symboles" que te observan
y te hablan). Pero también le interesan los valores simbólicos
múltiples que se manifiestan, por ejemplo en el ritual, entendido
como una compleja teatralización que determina la necesidad de avanzar
en una antropología de la performance (The
Anthropology of Performance, New York:1986 PAJ Publications).
La reflexión sobre los valores de
lo simbólico ha sido apuntalada por Clifford Geertz (1926-2006)
para quien los símbolos forman sistemas congruentes que actúan
como modelos para comprender la realidad a la par que toman la realidad
como modelo. Si bien la religión es un modo de explicación
(del cosmos social), frente a las perspectivas estáticas y atemporales,
este autor opta por incidir en sus características dinámicas,
integradoras pero también desintegradoras puesto que la religión
abre también los cauces para expresar los descontentos y las disputas.
Influido por las reflexiones weberianas, debemos a Geertz (Observando
el Islam, Barcelona, 1994 (Chicago, 1968)) un estudio
revelador de la diversidad que existe dentro de la teórica unidad
religiosa que ofrece el marco del islam entre países situados en
sus dos extremos (Indonesia y Marruecos), además de una muy citada,
criticada y característica definición de religión
como sistema cultural (es decir sistema simbólico: "Religion as a
Cultural System" en M. Banton (ed.) Anthropological
Approaches to the Study of Religion, Londres, 1966, 1-46
(recopilado como cap. 4 de Geertz, La
interpretación de las culturas, Barcelona, varias eds., Nueva
York, 1973)). De Geertz partirá, aunque haya terminado por aborrecerlo,
la postmodernidad antropológica, que quizá, en lo relativo a la
religión, en antropología
ha ofrecido menos frutos generales de síntesis, que en filosofía, como citaremos luego (Gianni
Vattimo, Creer que se cree,
Barcelona: Paidós, 1996 (ed. or. Milán 1996); Jacques Derrida y Gianni Vattimo (eds.), La religión, Madrid: PPC, 1996 (ed.
or. París 1996)).
4.4) Estructuras y significados
Claude Lévi-Strauss
(1908-2009),
ha marcado un cambio profundo en la metodología de las ciencias
sociales y en particular en la antropología. Nieto del rabino de
Versalles, se interesó por los temas religiosos y en particular
por la mitología donde ha intentado instaurar una nueva estrategia
de investigación, el estructuralismo que (como había ocurrido
en los orígenes de la disciplina con Max Müller) extrajo de
la lingüística sus líneas maestras de desarrollo. La
religión aparece en el pensamiento de Lévi-Strauss (El pensamiento salvaje, México,
1964 (París, 1962); Mito y
significado, Madrid, 1987 (Toronto, 1978); Mitológicas Iss., México, 1968ss.
(París, 1964ss.)) como un sistema autónomo de signos, independiente
de sus usuarios y del entorno y que se explica a sí mismo (como
la lengua). La labor del investigador es descubrir el código de
su estructura profunda, que es común a toda la humanidad ya que
el inconsciente es semejante en la especie humana y elabora estructuras
lógicas semejantes. Así los mitos, a los que dedicó
el autor buena parte de sus desvelos, sino de modo idéntico a primera
vista, sí tras una decodificación, se convierten en comparables
entre las culturas más diversas y es factible, como en las ciencias
nomotéticas, extraer leyes generales. Pero para que este postulado
se mantenga resulta necesario renegar en gran medida de la
variabilidad,
de la historia, de toda idea de función, de la influencia de las
constricciones
sociales o económicas en la forja del mito y la religión.
El estructuralismo, con todo su atractivo de aproximación profundamente
comprehensiva ha sido criticado desde muchos ámbitos. Se le ha
reprochado
el ser ahistórico y sincrónico, el no generar mecanismos
de explicación del contacto y del cambio cultural, el tener ámbitos
de análisis selectivos
(funciona bien con el parentesco o el mito
-quizá menos-
pero muy mal en otros casos) y el no explicar adecuadamente los
sistemas
de creencias de las sociedades estatales; pero ha abierto la vía
de una comprensión de las complejidades de la mitología y
el pensamiento de los "primitivos" (de los "buenos salvajes") de un
modo que requiere que modifiquemos
incluso la forma de nombrarlos (ya que muchos de estos pueblos poseen
modos
de pensamiento extremadamente complejos aunque la cultura material y
las
condiciones de vida puedan parecer muy simples). Pero Lévi-Strauss
tenía dudas respecto de qué hacer con la religión (que podríamos decir
que entendía como pensamiento más que como agencia y que no le otorgaba
una caracterización disciplinar autónoma, ni siquiera específica...)
Religión en Lévi-Strauss "À l’égard du domaine religieux, je me sens un peu embarrassé. Il est vrai que j’occupe, à l’École des Hautes Études, une chaire de « religions comparées des peuples sans écriture », mais je suis incapable de voir dans la religion autre chose qu’un énorme réservoir de constructions idéologiques et de représentations, sans que je sois pour autant imperméable à ce qui peut s’y investir d’affectivité ou de sentiments. Pour moi, le domaine de la pensée religieuse n’est pas différent de celui de la pensée tout court." Entrevista en el Nouvel Observateur (enero de 1967) En cuanto a la religión, me siento un poco incómodo. Es cierto que que en la École des Hautes Études ocupo una cátedra de «Religiones comparadas de los pueblos sin escritura», pero me siento incapaz de ver la religión como algo distinto de u gigantesco reservorio de construcciones ideológicas y de representaciones, aunque no soy impermeable ante las implicaciones en términos de afectividad o sentimientos. Para mí, el campo del pensamiento religioso no es diferente del del pensamiento en general. |
Un caso particular y difícilmente
encasillable en el quehacer de una escuela determinada (a pesar de
entroncar
con la tradición sociológica francesa) lo ofrece la obra
de Geoges Dumézil (1898-1986). Se empeñó, siguiendo
los pasos de Max Müller, en desentrañar las estructuras comunes
de las sociedades indoeuropeas empleando para ello todos los recursos
del
método comparativo (que redefinió). Terminó determinando
la
existencia entre los pueblos indoeuropeos de un esquema mental que
explicaba
la sociedad (y su reflejo en la teología) como una estructura en
tres funciones (función soberana, guerrera y de producción).
5) Hermenéutica, historia, descolonización o biología (neuroreligión): intentando comprender la(s) religión(es)
5.1)
Una díficil clasificación:
el círculo "Eranos" o la religión como "búsqueda"
A partir de 1933 comenzó la publicación de la serie Eranos-Jahrbücher, que contenía las conferencias pronunciadas en los encuentros del círculo Eranos en Suiza. Un grupo de científicos y especialistas en el estudio de las religiones y disciplinas afines se reunían (en los últimos años con intermitencias) anualmente para expresar opiniones y discutirlas. Han participado investigadores cuyo punto en común es la defensa de una visión característica del tema de estudio, entre mística y científica, para los que la religión era una búsqueda íntima a la par que una práctica académica. Quizá los años más significativos de este movimiento vayan desde 1933 (en plena efervescencia de ideas que se manifiestan tras la gran crisis del modelo capitalista) hasta la quiebra ideológica que supone 1968. Aunque ni presentan una cohesión ideológica sin fisuras, ni han generado una metodología y unas prácticas de escuela, forman un grupo en cierto modo compacto (sobre todo los muy reincidentes) por la visión particular con la que se enfrentan a los hechos religiosos que aúna la intuición y los métodos científicos, la disección minuciosa del objeto de estudio y la sensibilidad hacia el "misterio" de lo religioso y una búsqueda personal que se deseaba contrastar con la de los demás interlocutores. En los últimos años se ha convertido en un grupo al que se han dedicado numerosos estudios por estar "de moda" en círculos intelectuales característicos (por ejemplo la revista española Anthropos en 1994 incluyó un monográfico, el 42, y un número ordinario, el 153, así como una monografía: Andrés Ortiz-Osés (y otros) Círculo Eranos I. Arquetipos y símbolos colectivos, Barcelona, 1994).
Dos páginas: 1)
Eranos Conference
Group: http://www.eranos.org 2) Eranos Foundation: http://www.eranosfoundation.org Para un reciente análisis (incluyendo a Eliade) en la revista Asdiwal: https://www.persee.fr/issue/asdi_1662-4653_2021_num_16_ |
En el periodo más
significativo del
grupo (1933-1968) destacan dos grandes etapas, la primera marcada por
las
figuras de Carl Gustav Jung, Karl Kerenyi y Louis Massignon,
la segunda, que se inicia entre 1949 y 1951 con la incorporación
de Mircea Eliade, Gershom Scholem y Henri Corbin;
son ellos los que de modo más fiel siguieron los encuentros e
imprimieron
su carácter a los mismos, a la par que marcaron el desarrollo de
la disciplina (en particular Jung y Eliade). Jung participó con
publicación en todos los encuentros desde 1933 a 1948 (con excepción
de los de 1944 y 1947, se le dedicó el de 1945); Massignon en once
casos (desde 1937 a 1955); Kerenyi en doce casos (entre 1940-41 y
1955);
Corbin en una veintena de ocasiones (a partir de 1949), Scholem en una
quincena (a partir de 1949) y Eliade en otras tantas (a partir de
1951).
Muchos otros participaron con diverso grado de asiduidad entre los que
destacan H. Zimmer, H.C. Puech, F. Heiler, G. van der Leeuw, P.
Radin,
J. Daniélou, D.T. Suzuki, J. Campbell o G. Durand.
A C.G. Jung deben la disciplina de estudio
de las religiones
y la psicología varios instrumentos de análisis de gran peso
(aunque resulten también controvertidos): la sistematización
de la teoría del inconsciente
colectivo y del término arquetipo
o la definición del concepto de sincronicidad.
Frente al psicoanálisis
freudiano Jung defiende la existencia de un nivel muy profundo en el
inconsciente
que es común a todos los seres humanos y que se materializa en figuras
denominadas arquetipos. El inconsciente colectivo aflora en ciertos
momentos
específicos como por ejemplo en la meditación religiosa,
en el sueño, en ciertas ceremonias rituales, en la creación artística
de índole sagrada o en ciertas crisis neuróticas. Jung determinó
cómo algunas figuras usadas en la meditación oriental (los
mandala)
presentaban notables parecidos con los dibujos que realizaban algunos
de
sus pacientes defendiendo la hipótesis que se trataba de figuras
que afloraban del inconsciente colectivo y que por eso eran comunes
entre
personas de diversas culturas. Se interesó por el lenguaje simbólico
de la alquimia en el que estimaba que se habían mantenido y
perfeccionado
estos motivos arquetípicos del inconsciente colectivo, también
analizó símbolos del cristianismo y de religiones orientales, usó las
colaboraciones
para adentrarse en ámbitos específicos; con Karl Kerenyi
se aplicó a desentrañar arquetipos en el lenguaje del mito
antiguo y con Richard Wilhelm a profundizar en algunos textos chinos
(le
interesaba en particular el lenguaje del I Ching como otras
técnicas
adivinatorias como el tarot: véase la edición de Ritsema en Eranos).
Los
arquetipos y el inconsciente colectivo tienen según Jung un camino
de materialización privilegiado en muchas tradiciones religiosas
por las características particulares de las experiencias que
desencadenan
y las figuras simbólicas que utilizan.
Sincronicidad en Jung
"Este supuesto implica cierto curioso principio al que he denominado sincronicidad, un concepto que configura un punto de vista opuesto al de causalidad. Dado que ésta última es una verdad meramente estadística y no absoluta, constituye una suerte de hipótesis de trabajo acerca de la forma en que los hechos se desarrollan uno a partir del otro, en tanto que la sincronicidad considera que la coincidencia de los hechos en el espacio y en el tiempo significa algo más que un mero azar, vale decir, una peculiar interdependencia de hechos objetivos, tanto entre sí, como entre ellos y los estados subjetivos (psíquicos) del observador o los observadores... En el Yi Ching, el único criterio de validez de la sincronicidad es la opinión del observador según la cual el texto del hexagrama equivale a una versión fiel de su estado psíquico... Por supuesto la argumentación que acabo de exponer jamás halló cabida en una mente china. Por el contrario, conforme a la antigua tradición, se trata de "agentes espitrituales" (shen) que actuando de modo misterioso hacen que los tallos de milenrama den una respuesta significativa" (prólogo de C. G. Jung a la edición del I Ching de Richard Wilhelm p. 25-26) |
5.2) Dentro y más allá de Eranos:
la hermenéutica total de Mircea Eliade
La figura de Mircea Eliade
presenta características
muy particulares tanto por lo extenso de su investigación como por
la erudición enciclopédica que desarrolló y resulta
muy difícil de clasificar. Se ha empleado el término de hermenéutica
total para su aproximación al fenómeno religioso puesto que
tuvo en cuenta métodos muy diversos a la hora de llegar a una
comprensión
más profunda del fenómeno religioso. Su trayectoria investigadora
es muy variada, desde su obra de consagración, el Tratado de
historia de las religiones donde repasa grandes fenómenos
religiosos
hasta estudios eruditos y puntuales sobre el yoga, las religiones
australianas,
la religión babilonia, el ocultismo o el chamanismo. Es muy destacable
su labor de generalista y divulgador tocando en monografías de síntesis
como la iniciación, el símbolo, lo sagrado o los mitos desde
una óptica de análisis intercultural. También sistematizó
su visión de la disciplina ciñéndose a un estricto
marco histórico (que generalmente aborrecía) como hace en
su inconcluso tratado o en obras de teoría y metodología
(sin nunca sistematizar sus aproximaciones). Aunque privilegió en
algunos casos (y en última instancia) una opción esencialista
y casi teológica que lo entronca con los fenomenólogos o
incluso los trabajos enciclopédicos del padre Schmidt, su amplitud
de miras le llevó a no desdeñar campos de estudio y si bien
minimiza (de modo discutible) la importancia de lo social y soslaya los
caracteres más represivos y de explotación que presenta la
religión (no hay que olvidar que era anticomunista y que vivió
la mayor parte de su vida productiva -en lo que a la disciplina se
refiere-
en el exilio) el criterio abierto con el que actuó, por ejemplo,
como director en jefe de la Encyclopedia of Religion,
utilizando
para elaborar artículos a especialistas de prestigio indiscutido
(de todas las facetas de la disciplina -sociológicas, antropológicas,
filosóficas, etc.-), demuestra su valía y buen juicio.
Se han vertido muchas críticas puntuales a las síntesis de
Eliade por parte de especialistas (incluso lo hacen sanscritistas, la
especialidad
que Eliade había cursado con mayor ahínco), lo que demuestra
que el intento en el que se embarcó (alcanzar un conocimiento global
de las religiones del mundo y pensar los grandes problemas de la
religión)
supera la capacidad de un solo autor. Intentó llegar a un nivel
de pericia de especialista en un número de campos de estudio muy
notable, lo que chocaba con la práctica habitual en la disciplina
(los generalistas solían en origen ser especialistas en un campo
particularizado), pero en realidad no son sus obras puntuales las que
más
influencia han ejercido (por ejemplo su trabajo sobre religiones
australianas
o traco-dacias) sino sus trabajos de divulgación y sus investigaciones
de síntesis.
Su interés principal por la
interpretación
desde todos los puntos de vista y su apertura a la reflexión filosófica
de carácter fenomenológico y hermenéutico (la influencia
-o quizá confluencia- de -y con- Husserl, Heidegger o Ricoeur, ha
de reseñarse), convierten a Eliade en un referente muy notable entre
los historiadores de la religiones por su versatilidad. Eliade, muy
individualista,
no ha creado una verdadera escuela (a pesar de que gran parte de los
especialistas
universitarios norteamericanos en Estudios Religiosos o Religiones
Comparadas
han tenido relación con él durante su estancia en Chicago,
aunque intenten ocultarlo tras su damnatio memoriae -por sus
implicaciones
políticas en la época del auge de los fascismos y la gestión
selectiva de su participación en aquella época-). La prematura
muerte de Ian Petru Culiano, truncó la carrera de este investigador,
muy afín a Eliade. De hecho, y casi como paradoja (de la volatilidad
del prestigio de un investigador), a Eliade empieza a apreciársele
en mayor medida por su faceta de literato que de historiador de las
religiones. Algunos elementos para conocer al autor: https://fradive.webs.ull.es/masterocw/22/index.html.
5.3)
Religión e historia: la "escuela
de Roma" y más allá: historia total y búsqueda de Sentido
Pettazzoni encabeza una numerosa
escuela,
que partió de sus discípulos más directos (Angelo
Brelich, que terminó sucediéndole en la cátedra de
la Universidad de Roma y Ugo Bianchi, que accederá a la cátedra
romana tras la también prematura muerte de Brelich) o alguien cercano
a él como Ernesto de Martino, prematuramente desaparecido,
e influyó en muchos otros, la mayoría se especializaron en
religiones del mundo antiguo (E. de Martino, A. Brelich, U.
Bianchi,
D. Sabbatucci, G. Piccaluga, M. Massenzio, P. Xella, G. Gasparro, G.
Casadio,
I. Chirassi, S. Ribichini, etc.) aunque también en otros campos
como Vittorio Lanternari en antropología. Destaca en
particular Angelo Brelich al que se deben estudios particulares muy
admirados
(sobre la iniciación, la guerra o los héroes) pero también una
introducción general sintética
a la historia de las religiones ("Prolegómenos a una historia de las
religiones" en H.C. Puech (ed.) Historia
de las religiones I, 30-97 (traducción en 12 vols. de la ed. de
París en 3 vols. de 1970, también Storia
delle religioni: perche?,
Nápoles: Liguori, 1979), así como algunos trabajos comparados entre
quizá destaca su análisis del sacrificio humano (a pesar de estar en
forma de esbozo: Presupposti del
sacrificio umano, Roma: Ateneo, 1967);
su muerte prematura
truncó
la trayectoria del más capaz de los maestros de la escuela de Roma. El
procedimiento usado por Brelich y otros miembros de la Escuela de Roma
y que parte de Pettazzoni funciona en dos fases
como plantea sucintamente Philippe Borgeaud: "la primera...
caracterizada por el comparativismo busca definir una tipología del
fenómeno que se estudia... seguida de un estudio de casos concretos
enfocados en la historia" (Philippe Borgeaud, "Jean Pierre Vernant et l´Histoire des Religions" en
Exercices d'histoire des religions. Comparaisons, rites, mythes et
émotions, Leiden, Brill, 2016, p. 151).
Destaca también entre los historiadores de las religiones
italianos Ugo Bianchi, que supo aunar la faceta de especialista en el
mundo
clásico con la de teórico de la disciplina
(Bianchi, U. / Bleeker, C. J. / Bausani, A. Problems and Methods of the History of
Religions, Leiden: Brill, 1972, Bianchi, U. Saggi di metodologia della storia delle
religioni, Roma, 1979, Bianchi, U. The History of Religions, Leiden:
Brill, 1975), gran organizador y aglutinador (en su labor a la cabeza
de la IAHR y en la organización del congreso de Roma de 1990: Bianchi,
U. (ed.) The Notion of Religion in
Comparative Research. Select Proceedings of the XVI Congress of the
IAHR, Roma, 1990, Roma: L'Herma,1994), tras
su muerte la escuela de Roma ya no cuenta quizá con un referente de
primer orden entre los especialistas a nivel mundial en el estudio de
las
religiones, puesto que la mayoría de los investigadores de este
grupo han anclado sus intereses muy estrictamente en el mundo antiguo
apartándose
de la reflexión de carácter general que dió razón
de ser y prestigio a la escuela (salvo quizá Alessandro Saggioro y su apertura hacia problemas del mundo contemporáneo y su trabajo como organizador). Uno de los discípulos de Bianchi, Giovanni Casadio,
se puede decir que ha heredado las ambiciones intelectuales de su maestro
y la influencia internacional que tuvo en el seno de la IAHR y en el
asesoramiento
de proyectos internacionales (como la segunda edición de la ER). En la
generación más reciente
destaca Natale Spineto por sus trabajos dedicados a teoría
y metodología y a la figura de Eliade que lo ubican más allá de los límites de las religiones antiguas.
Además de la escuela de Roma, hay que plantear en síntesis otros
caminos teóricos enfocados desde la historia que proponen caminos de gran provecho para la comprensión de
las religiones.
El ya citado Philippe Borgeaud
(que pasó temporadas en Chicago con Eliade) es un ejemplo de una
propuesta de análisis que se centra en lo histórico como instrumento
focal para intentar no enredarse en derivas confesionales e imaginales:
Philippe Borgeaud y su modo de entender la historia de las religiones "Dans un contexte où « histoire » et « religion » étaient parfois perçus comme des concepts irréconciliables, et où l’étudiant-e du religieux semblait pris en otage entre la phénoménologie et les premiers frémissement des études cognitives, il n’a eu de cesse de rappeler que l’étude historique des religions, constituée dans un dégagement du théologique et de l’apologétique, était une discipline académique à part entière. Une discipline qui refuse de restreindre la liberté de penser sur la religion à un dialogue entre religieux, et qui interroge sans complexe le rapport noué entre nos mythologies savantes et politiques et les mythes antiques. Une discipline dévouée à étudier les religions dans une perspective détachée, critique et historique, mais aussi lucide quant à ses propres présupposés et quant aux laboratoires (souvent idéologiques) au sein desquels ont été forgés ses outils, et réflexive quant à sa propre histoire et ses catégories." Daniel Barbu y Philippe Matthey "Avant-propos", a Philippe Borgeaud Exercices d'histoire des religions. Comparaisons, rites, mythes et émotions, Leiden, Brill, 2016, p. VIII En un contexto en el que «historia» y «religión» se percibían a veces como conceptos irreconciliables, y en el que los estudiosos de la religión parecían encontrarse atrapados entre la fenomenología y los primeros atisbos de los estudios cognitivos, no dejó de recordarnos que el estudio histórico de las religiones, constituido desde una posición de desapego respecto de la teología y la apologética, era una disciplina académica por derecho propio. Una disciplina que se niega a restringir la libertad de pensar sobre la religión a un diálogo entre religiosos, y que cuestiona sin pudor la relación entre nuestras mitologías eruditas y políticas y los mitos antiguos. Una disciplina dedicada a estudiar las religiones desde una perspectiva distanciada, crítica e histórica, pero también lúcida sobre sus propios presupuestos y sobre los laboratorios (a menudo ideológicos) en los que se han forjado sus herramientas, y reflexiva sobre su propia historia y sus categorías. |
La aproximación intelectual francesa, bajo el influjo de los avances conceptuales del estructuralismo y la sociología confeccionó un producto, la escuela de Annales, que en sus últimas generaciones, y gracias al concepto de historia total, definió un marco muy conveniente para el quehacer de un historiador de las religiones, necesariamente deudo de los avances que en la comprensión de los fenómenos religiosos han consolidado la psicología, la sociología, la filosofía o la antropología, además de cualquier otra aproximación disciplinar que pudiera resultar útil. Esa nueva forma de encarar el estudio de las religiones parece poseer los instrumentos teóricos para generar una comprensión a la par de lo social y lo mental que existe en la religión, aunque son mayores las expectativas y posibilidades que desde el punto de vista teórico parece presentar esta escuela que las investigaciones ejemplares que efectivamente está generando por la dificultad de la empresa y su menor aplicación al campo que nos interesa que a otros temas.
La apertura a los diversos lenguajes de la religión es destacada
en los temas transversales que trata, por ejemplo la más que centenaria
Revue de l’histoire des religions (https://rhr.revues.org).
Jean Pierre Vernant y la historia de las religiones "L’histoire des religions, au sens de Vernant, existe bel et bien, malgré les tentatives actuelles (un peu partout) de la noyer dans une marée de disciplines désireuses, pour des raisons plus ou moins avouables, de se pencher sur le « fait religieux ». Face aux « sciences des religions » (qui restent à définir), elle peut se prévaloir d’une longue et belle tradition (où l’on rencontre entre bien d’autres, après Max Müller et sir James Frazer, Raffaele Pettazzoni, Jonathan Z. Smith, Bruce Lincoln, David Frankfurter, Guy Stroumsa. . .)." Philippe Borgeaud, "Jean Pierre Vernant et l´Histoire des Religions" en Exercices d'histoire des religions. Comparaisons, rites, mythes et émotions, Leiden, Brill, 2016, p. 157 La historia de las religiones, en el sentido de Vernant, existe, a pesar de los intentos actuales (más o menos generalizados) de ahogarla en una marea de disciplinas que desean, por razones más o menos confesables, dedicarse al estudio del «hecho religioso». Frente a las «ciencias de las religiones» (que aún están por definir), ésta (la historia de las religiones) puede remontarse a una larga y destacable tradición (donde encontramos, entre otros muchos, tras Max Müller y Sir James Frazer, a Raffaele Pettazzoni, Jonathan Z. Smith, Bruce Lincoln, David Frankfurter Guy Stroumsa... |
5.4) Desmontar, des/contra-colonizar, participar/ser: incertidumbres de fondo de la disciplina
Resulta metodológicamente interesante tener en cuenta las posiciones muy críticas respecto de lo que hacemos y que plantean que el propio objeto de estudio resulte una entelequia. Son interesantes las radicales posiciones metodológicas de Jonathan Z. Smith (1938-2017), que fue el primero que sistematizó de modo muy gráfico las objeciones (aunque sin renunciar a las posibilidades explicativas de la disciplina, como hacen muchos otros):
Jonathan Z. Smith y las religiones "If we have understood the archaeological and textual record correctly, man has had his entire history in which to imagine deities and modes of interaction with them. But man, more precisely western man, has had only the last few centuries in which to imagine religion. It is this act of second order, reflective imagination which must be the central preoccupation of any student of religion. That is to say, while there is a staggering amount of data, of phenomena, of human experiences and expressions that might be characterized in one culture or another as religious - there is no data for religion. Religion is solely the creation of the scholar's study. It is created for the scholar's analytic purposes by his imaginative acts of comparison and generalization. Religion has no existence apart from the academy. For this reason, the student of religion, and most particularly the historian of religion, must be relentlessly self-conscious. Indeed, This self-consciousness constitutes his primary expertise, his foremost object of study". Tomado de la introducción, p.IX de Imagining Religion. From Babylon to Jonestown, University of Chicago Press, 1982. "Si hemos entendido correctamente el registro arqueológico y textual, el hombre durante toda su historia ha imaginado deidades y modos de interactuar con ellas. Pero el hombre, más precisamente el hombre occidental, sólo ha sido en los últimos siglos cuando ha imaginado la religión. Es este acto de segundo orden, la imaginación reflexiva, lo que debe cosntituir la preocupación central de cualquier estudiante de religión. Es decir, aunque hay una cantidad asombrosa de datos, de fenómenos, de experiencias y expresiones humanas que podrían calificarse en una u otra cultura como religiosas, no hay datos para la religión. La religión es una creación exclusiva del estudio de los académicos. Se ha creado para los propósitos analíticos de los académicos mediante sus actos imaginativos de comparación y generalización. La religión no tiene existencia independiente más allá de la academia. Por esta razón, el estudiante de religión, y en particular el historiador de las religiones, debe ser implacablemente auto-consciente (auto-reflexivo). De hecho, esta autoconciencia (auto-reflexividad) constituye su principal experiencia, su principal objeto de estudio" |
Las religiones que intentamos vanamente comprender, analizar, sentir o ser en... son como el mapa y el territorio... (Map is not Territory. Studies in the History of Religions, Leiden, 1978, un título y una reflexión de Smith muy pertinente). Hay muchos otros representantes más o menos radicales de este tipo de planteamientos (o críticos) que pueden revisarse... como Timothy Fitzgerald (The Ideology of Religious Studies, OUP, 2000); Daniel Dubuisson, (The invention of Religious Studies, Equinox, 2019 -editorial que publica muchos trabajos muy punteros metodológicamente-), Rusell McCutcheon, Guy Stroumsa, Tomoko Masuzawa, Armin Geertz, Donald Wiebe, Rodney Stark... o Bruce Lincoln (uno de los discípulos de Eliade, crítico y desmitificador)...
Bruce Lincoln y las religiones "Les disciplines académiques qui revendiquent la religion comme objet d’étude sont souvent trop bien disposées à son égard. Polis, gentils, doux, respectueux, dociles et pleins de sollicitude, les chercheurs qui travaillent dans ces domaines se sont certainement aménagés une place confortable au paradis. Mais jusqu’à aujourd’hui, la plupart n’a rien produit d’un quelconque intérêt ou d’un quelconque sérieux . . . La plus grande partie de ce qui passe pour de la recherche au sein des disciplines qui s’occupent de religion – sans parler de ce qui est enseigné dans les écoles ! –, est scandaleusement naïf, sans esprit critique, lâche et superficiel." Tomado de la entrevista en Asdiwal 4, 2009, p. 26-27 "Las disciplinas académicas que reivindican la religión como su objeto de estudio suelen estar demasiado bien predispuestas hacia la misma. Educados, amables, gentiles, respetuosos, dóciles y solícitos, los investigadores que trabajan en estos campos se han asegurado sin duda un cómodo lugar en el paraíso. Pero hasta ahora, la mayoría de ellos no ha producido nada de verdadero interés o contundencia... . La mayor parte de lo que se suele aceptar como investigación en el seno de las disciplinas que se ocupan de la religión -¡por no hablar de lo que se enseña en las escuelas! -es escandalosamente ingenuo, carente de espíritu crítico, cobarde y superficial. |
Se plantean también instrumentos depurados de comprensión conceptual de las experiencias religiosas. Los estudios en laboratorio de estados extáticos y experiencias místicas han permitido avanzar en la búsqueda de instrumentos para analizar este tipo de prácticas milenarias y es una condición para acercarse a la experimentación de las infinitas variedades de las experiencias religiosas. Se ha postulado que este tipo de trabajos conforman un nuevo paradigma de acercamiento al campo bajo el nombre de giro participativo (Jorge N. Ferrer y otros, El giro participativo. Espiritualidad, misticismo y estudio de las religiones, Barcelona, Kairós, 2011 (or. SUNY 2008) -otro más de los giros a los que tan acostumbrados nos tiene el milenarismo académico, siempre buscando la última aproximación de moda). Entender la experiencia en primera/segunda persona permitiría el acceso a información que se calificaría en la academia más estándar como "subjetiva" (destacan Francisco Varela / Claire Petitmengin-Michel Bitbol), que muchas veces es la que se genera al trabajar entre grupos religiosos y experimentar las transformaciones (en quienes lo llevan a cabo enfrentados a experiencias de intensificación y ruptura del discurso habitual) que produce el trabajo de campo y que requieren un cierto grado de supervivencia (podría resumirse, retomando a Jeanne Favret-Saada (lo publicó en Gradhiva en 1990: https://www.persee.fr/doc/gradh_0764-8928_1990_num_8_1_1340), en être affecté(e), yo añadiría sans être infecté(e) -para la traducción, y sin insertarme en las sofisticaciones del giro lingüístico, habría que tener buen cuidado en como traducir el verbo francés en una lengua como la nuestra que tiene ser y estar para reflejar être, asunto que permite (o parece permitir, quizá sean constructos imaginarios) ciertas sutilidades como a la hora de expresar ciertas percepciones (quizá supuestas o imaginarias) del cuerpo en estados de meditación: lo que en francés o inglés podría parecer una paradoja, que el cuerpo no es y es a la vez (ne pas être et être a la fois) en español es mucho menos paradójico y más comprensible: "el cuerpo no está pero es" -los problemas metodológicos de este tipo de complejos asuntos que tienen que ver en última instancia con lo que en el giro ontológico se busca comprender del modo más sofisticado (y se intentan aproximar, por ejemplo, en Petitmengin Claire y otros (2017) “Que vit le méditant? Méthodes et enjeux d'une description micro-phénoménologique de l'expérience méditative”, Intellectica. La revue de l'Association pour la Recherche sur les Sciences de la Cognition, 67, pp. 219-242, versión en inglés: Petitmengin, C., van Beek, M., Bitbol, M., Nissou, J.-M., & Roepstorff, A. (2017) "What is it like to meditate?: Methods and issues for a micro-phenomenological description of meditative experience", Journal of Consciousness Studies, 24 (5-6), pp. 170-198).
5.5) El reto de la
neuroreligión
Como consecuencia
de esta necesidad de análisis de las experiencias religiosas y en
consonancia con el desarrollo que están teniendo las ciencias del
cerebro, se está apuntalando una ciencia cognitiva
de la religión (un
aspecto, el que se centra en la implicación neural, la han denominado
neuroteología,
neurofilosofía, neurofenomenología o mejor neuroreligión). Las ciencias cognitivas de
la religión y en general las ciencias de la mente plantean
el complejo tema de enfrentar la religión desde
una perspectiva que redimensiona
en gran medida las expectativas y compartimentos estancos en los que se
aparca y encasilla el estudio de la religión (una aproximación
integral de este tipo al estudio de la religión dejaría de
pertenecer exclusivamente al denostado territorio de las humanidades o
al de las ciencias sociales). Pero ¿puede haber una cierta tendencia
biologicista a aplicar el evolucionismo biológico al cultural?.
La asociación internacional del ramo, que organiza congresos
es The International Association for
the Cognitive and Evolutionary Sciences of Religion (IACESR: https://iacesr.com/) y publica la
revista Journal
for the Cognitive Science of Religion (https://journal.equinoxpub.com/JCSR).
Una presentación específica en: https://fradive.webs.ull.es/masterocw/20b/index.html.
Como conclusión parece primar la necesidad de la búsqueda de una perspectiva holística, que intente superar posiciones reduccionistas, entendiendo el estudio de la religión como una aproximación con múltiples facetas y muchos métodos y múltiples abordajes (siendo contextuales), que justamente extraiga su fuerza de la apertura hacia lo diferente e incluso lo inusual, caracterizada por tratarse de un enfoque personal y por construirse desde la convergencia disciplinar que tenga en cuenta el planteamiento de base que subyace en la idea de consiliencia, es decir, que la compartimentación disciplinar puede obstruir nuestras posibilidades de entender, de comprender, de conocer.