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Apocalíptico: nuevas conceptualizaciones de un adjetivo complejo
 
Copyright: Francisco Peña Fernández
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Si nos dirigimos al diccionario de la Real Academia de la Lengua y buscamos el término "apocalíptico", encontramos asociados a éste otros adjetivos como: "Misterioso, oscuro, enigmático, terrorífico o espantoso". Si lo hacemos al término "Apocalipsis", la referencia se hace exclusivamente al libro del Apocalipsis de Juan y no al gran número de apocalipsis restantes, tanto anteriores como posteriores en el tiempo.

Ni una cosa ni la otra ocurre, como es lógico, cuando la búsqueda se realiza en un diccionario especializado en literatura o en religión o en la edición reciente de una enciclopedia importante. Pero lo que sí es cierto es que aún hoy en día existe asociado a este adjetivo, sino ya una carga peyorativa, si al menos una actitud susceptiva, en el común general, cuando aparece mencionado.

La reciente aparición de trabajos, principalmente en los Estados Unidos, como The Encyclopedia of Apocalyptic Literature(1) (1997) o The Encyclopedia of Apocalipticism(2) (1998) así como otras muchas publicaciones similares que pretenden tratar el fenómeno apocalíptico en toda su extensión temporal y en sus diversas manifestaciones, muestran no sólo un especial interés y una voluntad de ampliar el conocimiento sobre la apocalíptica, sino también el hecho, que no es exclusivo en el mundo académico, de extender los sinónimos del adjetivo apocalíptico a otros como: utópico, reivindicativo, esperanzador... Esto revela que, en cierta manera, la reticencia a lo largo de los siglos hacia este término, si no se ha diluido, al menos está comenzando a hacerlo, matizándose a la vez un poco más en su definición. A pesar de ello, como veremos, la interrelación entre lo que se entiende por apocalíptica y el contenido y significación concreta del Apocalipsis de San Juan sigue siendo muy estrecha, y completamente justificada, a la hora de situar y analizar especialmente la apocalíptica occidental a partir de los primeros siglos de la Era cristiana.
 
En la siguiente comunicación intentaremos acercarnos a la utilización actual del término apocalíptico para definir fenómenos y obras principalmente contemporáneas que no sólo pertenecen a la esfera religiosa, sino que se extienden a la literatura y manifestaciones del mundo secular. Procuraremos localizar, organizar y resumir en su significación las diversas manifestaciones, acercarnos a la evolución última del término y, en tercer lugar, apuntar las diferentes evaluaciones de lo constituye lo apocalíptico.

La asociación de la literatura apocalíptica --en su mayor parte apócrifa-- con actitudes supersticiosas, fanáticas y milenaristas, se remonta a la propia determinación del canon judío y cristiano de la Biblia(3) y se acentúa --ya que a lo largo de la Edad Media se siguió produciendo literatura apocalíptica-- sobre todo a partir del Renacimiento y la Ilustración. El interés a nivel académico, cada vez más acusado, por la literatura apocalíptica, es relativamente reciente, no sólo desde el ámbito del estudio teológico, sino también literario y socio-histórico. Paul Hanson, especialista en apocalíptica antigua, resumía los precipitantes de esta nueva preocupación, en dos principalmente: el descubrimiento de los manuscritos de Qumran y el ambiente o ánimo apocalíptico de la Era Nuclear.

La trascendencia de la literatura apocalíptica dentro del resto de la literatura intertestamentaria y la importancia que supone su conocimiento para comprender la propia literatura canónica ha hecho que haya cobrado, en los últimos veinte años, un renovado interés y ha provocado el surgimiento de una perspectiva de estudio distinta. Un año que sin duda supuso un punto de inflexión en el conocimiento de la literatura apocalíptica fue 1979, en el que se celebraron dos congresos internacionales, el de Upsala y el de Lovaina, dedicados exclusivamente a este género literario en sus orígenes y desarrollo en la antigüedad. De estos dos congresos, así como de las aportaciones posteriores de muchos de los especialistas participantes (John J. Collins, Paolo Sacchi, Jean Carmignac, Paul Hanson... ), parte en gran medida todo este nuevo impulso y nuevas perspectivas en el análisis de la literatura y el fenómeno apocalíptico.

Las disensiones entre estos estudiosos son todavía evidentes y normalmente giran alrededor de cuestiones como el origen histórico, la repercusión social, la posición de estos textos en relación con los otros géneros contemporáneos y su propia delimitación genérica. Entre otros muchos avances importantes en el conocimiento de la apocalíptica, existe un aspecto que aunque pueda no parecer muy significativo sí entendemos como representativo: la diferenciación entre dos términos, interrelacionados pero distintos: apocalipsis y apocalipticismo, así como el intento por matizarlos y circunscribirlos. Así, se habla de apocalipsis refiriéndose al género literario exclusivamente, al relato definido por una serie de características estructurales y formales y se habla de apocalipticismo para hacer relación del fenómeno ideológico determinado por una serie de ideas y concepciones del mundo provenientes o contenidas principalmente en distintos apocalipsis.

Los apocalipsis, escritos de las tradiciones irania, judía y cristiana, que bien pueden ser independientes o formar parte de un texto más amplio, se definen por el hecho de relatarse en ellos una revelación --normalmente una visión-- donde un mediador sobrenatural hace partícipe a un ser humano de secretos que conciernen bien al fin de los tiempos, a una nueva lectura de la historia, al origen del mal... El hecho de que la mayor parte de estos escritos posean, a veces especialmente marcado, un contenido escatológico, influyó en que la asociación entre los términos apocalíptico y escatológico fuera tan estrecha que se asimilara una cosa con la otra de forma automática. También, el que concretamente El Libro del Apocalipsis de Juan --único apocalipsis del Nuevo Testamento--, que se refiere primordialmente al final de los tiempos, haya venido siendo a lo largo de la historia el apocalipsis más conocido y el que ha influido más en la propia cultura occidental, ha facilitado ciertamente esta asociación.

Por otro lado, dentro de los propios estudios bíblicos, sobre todo al inicio de este renovado interés por la apocalíptica, se tomaron posturas tal vez excesivamente generalizadoras(4), entendiendo la apocalíptica como un homogéneo sistema de pensamiento definido por una serie muy concreta y monolítica de características, para definir un fenómeno que posteriormente se ha manifestado como bastante más complejo y diversificado. En este caso además se une la común diversidad de enfoques y teorías con la convivencia del interés --y asimismo interrogantes-- de las distintas disciplinas implicadas.

Estos son algunos de los motivos por los que la adjetivación apocalíptico resulta compleja. Retomando una idea anterior, un elemento que sin duda interviene es el poco uso que generalmente se hace del adjetivo apocalipticista(5), referido a apocalipticismo; de esta forma, en muchas ocasiones se hace uso de apocalíptico, cuando se quiere delimitar una serie de rasgos, estructuras o motivos literarios, haciendo mención con ello a los apocalipsis, pero también como referencia a una estructura conceptual o sistema de pensamiento religioso o ideológico, asociándose al apocalipticismo.

Una situación similar ocurre cuando se habla de la apocalíptica contemporánea, donde el adjetivo apocalíptico se aplica tanto al hacer referencia a la obra de autores como Ralph Ellison o Kurt Vonegut como cuando se hace mención del comportamiento de los sectarios de Waco o de los discursos del reverendo Jackson.
 
El interés por el conocimiento de la apocalíptica antigua tiene, como ya comentamos, motivaciones contemporáneas: descubrimiento de nuevos corpus de escritos (Qumran) y la situación política a partir de la Guerra Fría --confrontación maniquea y a la vez de implicaciones mundiales, que guardaba ciertas similitudes formales a la narrada en el apocalipsis neotestamentario--. También podría unirse una tercera razón que es la propia contemporaneidad de movimientos y creencias más que apocalípticos, escatológicos y milenaristas, así como la constatación de la influencia --soterrada bajo ropajes seculares-- de la Biblia, concretamente del profetismo y la apocalíptica, en la cultura contemporánea, manifiesta principalmente en la literatura.
 
La mayor atención al fenómeno de la apocalíptica contemporánea se ha venido realizando en los Estados Unidos de América, centrada, como es de suponer, en las propias manifestaciones apocalípticas contemporáneas que se evidencian en la cultura y sociedad de este país. Todos los estudios de la apocalíptica norteamericana procuran hacer mención de la influencia de los esquemas apocalípticos, o lo que muchos autores llaman "retórica" apocalíptica, en su propia cultura. De esta forma, son numerosos los especialistas que insisten en un paralelismo entre la propia historia de los Estados Unidos(6) y el desarrollo de una conciencia apocalíptica manifestada de muy diversas formas. Se suele insistir en la concomitancia de la propia génesis del descubrimiento del continente americano y el traspaso de los sueños bíblicos europeos al otro lado del océano. La identificación del continente americano con el Edén original se suma en el caso de Estados Unidos con la voluntad de subrayar la idea de nuevo continente por parte de la Reforma Protestante(7) en general y del Puritanismo(8) en particular y la posterior experiencia de la conquista del Oeste como territorio de expansión continua, de oportunidades y de igualación social(9). De esta forma son muchos los estudios que asocian, siguiendo con la idea anterior, la formación de un mito americano con la del desarrollo paralelo de un mito apocalíptico. Este hecho tiene una historia propia y lo que es importante, unas manifestaciones tanto en el ámbito religioso como secular.

En la actualidad, los investigadores otorgan gran importancia al análisis de la intensidad del apocalipticismo en movimientos religiosos de considerable representación en los Estados Unidos: Evangelismo, Baptismo, Pentecostalismo, Testigos de Jehová, Adventismo, New Age e incluso movimientos neo-nazis o "arios"(10)... En todos estos movimientos y religiones habría se presta atención a las diferentes formas de manifestación de lo apocalíptico y a los distintos grados de repercusión, en los que entrarían en juego la combinación de varios elementos: lectura literal de la Biblia, situación o conciencia de minoría oprimida frente a una mayoría, la creencia en la entrada en una nueva era o la propia lectura de los acontecimientos presentes dentro de unos esquemas apocalípticos.

Unido a esa idea de imbricación entre la realidad secular y el cumplimiento de las Escrituras se sitúan gran cantidad de fenómenos --y a la vez estudios-- de profetismo apocalíptico contemporáneo(11). El ejemplo que se suele citar a menudo como más significativo es el del éxito del profetismo de Hal Lindsey y su best-seller The Late Great Planet Earth, editado por primera vez en 1970 --reeditado una ingente cantidad de veces, hasta llegar a un total de 250.000 ejemplares(12)-- que predijo el comienzo del cumplimiento de las profecías narradas en el Apocalipsis para 1981. Lo interesante de este tipo de obras es que, a pesar de tener características religiosas y tomar a la Biblia como referencia, los seguidores o lectores de Lindsey iban más allá de los de un pastor Evangelista --en su caso-- extendiéndose a una gran masa, mucho más indefinida, de aficionados a la literatura de contenido pseudo-científico y futurista, tan en auge en los años 70 --y nuevamente ahora-- y también el de un buen número de curiosos ante tales pronosticaciones.

La asociación que hizo Lindsey de la Unión Soviética y el comunismo con las hordas de Gog y Magog, así como la posición de Israel como punto o elemento de conflicto es algo que puede parecer extraño --a pesar de que existe una extensísima presencia de libros de profetas modernos que como Lindsey vieron en el conflicto en Israel y el comunismo el advenimiento de las profecías del Apocalipsis de Juan(13)-- no sólo se limita a la actividad de trabajos aislados. De esta forma, en el caso norteamericano, especialistas como Grace Halsell o Paul Boyer han seguido de cerca el propio discurso político contemporáneo --en el que la etapa y el discurso político de Ronald Reagan siempre son especialmente recurrentes--, y sus ocasionales referencias a elementos, símbolos, ideas (en ocasiones también citas) apocalípticos en determinados momentos de su historia y ante situaciones específicas(14).

Un tercer paso más hacia la secularización de la apocalíptica en la sociedad contemporánea es la utilización de esquemas e ideas apocalípticas sin necesidad de hacer referencia a las Escrituras. En este sentido, son muchos los críticos que nuevamente ven en la historia norteamericana un trasvase de los elementos apocalípticos del entorno propiamente religioso a la esfera secular. En lo que constituye su propia historia literaria, el carácter apocalíptico despunta desde los inicios con la literatura puritana y comenzaría su andadura plenamente secular a partir de mediados del siglo XIX.

Normalmente se conectan las diferentes manifestaciones literarias de carácter apocalíptico con crisis circunstanciales determinadas. En la época más reciente, y siguiendo el reflejo literario, muchos de ellos son claramente visibles a partir de los años 50 --lo que muchos críticos denominan la etapa post-Hiroshima-- , íntimamente relacionados con los cambios sociales (K. Vonnegut), las injusticias raciales (Ralph Ellison), sexuales (Ursula LeGuin) o la propia contracultura. Estas crisis circunstanciales que han ido moldeando la apocalíptica contemporánea en los Estados Unidos tienen siempre un referente social o un problema latente con el que se relacionan.

En este sentido, se reincide sobre un hecho constatado por los estudiosos del fenómeno de la apocalíptica antigua, que los motivos no sólo del surgimiento, sino también de la popularización de los apocalipsis responden a una presencia, sobre todo en comunidades o grupos minoritarios, de situaciones de opresión o injusticia social(15). Se podría por tanto dibujar, de la misma forma que han hecho estudiosos del apocalipsis antiguo como Nickelsburg, un esquema que conectaría la historia de las diferentes manifestaciones apocalípticas con sus correspondientes referentes sociales a los que promueven.

Este es uno de los aspectos dentro del estudio de la apocalíptica contemporánea que más están interesando a los críticos y que diverge de la idea tradicional de lo apocalíptico--muchas veces asociada a actitudes integristas religiosas--. Dos de los movimientos reivindicativos más representativos en los que los estudiosos han visto de forma muy clara la presencia de elementos de carácter apocalíptico son el movimiento afro-americano conocido com Harlem Renaissance o Negro Moviment y el movimiento feminista, aunque también podríamos hablar del movimiento ecologista, indigenista, etc. En todos estos contemporáneos apocalipsis se sustituye muchas veces la simbología religiosa por referentes seculares. De esta forma existe una doble referencia, en primer lugar a la influencia patente de la Biblia en la cultura occidental contemporánea --tanto secular como religiosa y sobre todo en el ámbito de los Estados Unidos--, y por otro lado, a la realidad vital que reactiva esta retórica apocalíptica. Se relee la realidad utilizando esquemas religiosos que perviven en la conciencia colectiva, unas veces estos referentes religiosos conviven o son muy anteriores a los seculares, otras veces ocurre casi al contrario. En cuanto al movimiento reivindicativo afroamericano, los referentes bíblicos y religiosos son muchos más claros no sólo en sus orígenes e historia --manifiestos además en figuras como Martin Luther King, pastor baptista y luchador por los derechos de la comunidad negra--, sino también en la cruzada llevada a cabo en las iglesias, principalmente la iglesia evangelista. La retórica apocalíptica en el ámbito secular, llevada a cabo por ejemplo por escritores como Ralph Ellison o James Baldwin, estaría claramente condicionada por los elementos religiosos. Con respecto al movimiento feminista, donde las raíces seculares son evidentes, el referente apocalíptico está siendo devuelto a los teólogos --a la teología feminista en concreto(16)-- tras su utilización en el ámbito secular. El esquema apocalíptico se plantea, en ambos casos, en clave de esperanza, de la llegada de una nueva realidad más justa, bien sea racial o sexual, de una nueva Jerusalén que subvierta los órdenes establecidos, favorecedores de la opresión y las desigualdades.

En resumen, la retórica apocalíptica dentro del ámbito secular puede tener diferentes manifestaciones, así como diferentes ámbitos de actuación y representación: el discurso político --que brevemente hemos mencionado-- el propio discurso económico --en el que los estudiosos ven cada vez una mayor referencia a la terminología escatológica--, el intelectual --tanto en literatura como en filosofía en autores por ejemplo como Derrida o Adorno-- y el social, manifestado muchas veces a través del arte o la propia literatura, pero también presente en los propios movimientos reivindicatorios populares --muchas veces no exentos de referentes religiosos--.

Norman Cohn, en su célebre obra En pos del Milenio, identificaba la aparición de fenómenos apocalípticos en la Edad Media con la llegada de movimientos tanto totalitarios como revolucionarios. Hoy parece ser que también lo apocalíptico se presenta en el lado de los dominadores y en el de los dominados --aunque parece que es algo más recurrente en estos últimos--. Pero, ¿cual es la valoración general que los críticos ofrecen de estas manifestaciones apocalípticas contemporáneas?

En este sentido, una gran parte de ellos siguen el mismo esquema que el especialista en Edad Media proponía y que está íntimamente relacionado con la propia idea de milenio descrita en el apocalipsis evangélico. La apocalíptica contemporánea, tanto lo asimilado con los apocalipsis --motivos literarios comunes o determinación genérica-- como con el apocalipticismo --en cuanto sistema de creencias dominados por el contenido de los apocalipsis-- está estrechamente asociada al Apocalipsis de San Juan en particular y por tanto está moldeada por las ideas y esquemas procedentes de este libro.
 
A pesar de que existen clasificaciones más extensas que otras, unas veces realizadas a nivel general, otras siguiendo una determinada manifestación de lo apocalíptico contemporáneo y otras diseñadas diacrónicamente, podemos ver que la valoración de lo apocalíptico en la actualidad es tan dual como este Apocalipsis(17). De la misma forma que el último libro del Nuevo Testamento presenta una fructífera relación de dualismos que se oponen: bien/mal, terreno/celeste, Cristo/Anticristo... Los analistas de los apocalipsis contemporáneos ven que los apocalipsis o las manifestaciones apocalípticas pueden pendular entre los dos grandes episodios del Apocalipsis, las catástrofes que anteceden al milenio y la visión del Paraíso. Con ello pueden demarcarse por el carácter negativo del fin del mundo o por el positivo de la llegada del Reino de los Cielos.

Normalmente se distinguen en la apocalíptica (o la retórica, discurso o carácter apocalíptico) dos formas de manifestación, una denominada pre-milenarista, que plantea un final de los tiempos y un cambio inminente de la historia y la realidad --algunos autores como J. Dewey, dividen esta manifestación en dos: milenarista e imaginación del cataclismo-- y otra post-milenarista, que mira más allá de la catástrofe hacia un cambio posterior beneficioso, o bien se sostiene la creencia --aún más optimista-- de la conciencia de estar ya viviendo en el propio milenio y que por lo tanto ver el futuro como culminación positiva de los tiempos presentes. Estas dos posturas, una negativa y otra positiva, no se presentan de forma clara y nítida, sino que se alternan y varían en sus proporciones.

En la evaluación de lo apocalíptico entran en juego muchos elementos: los distintos ámbitos --políticos, culturales, populares--, su versión religiosa o secular, los elementos del discurso apocalíptico que se subrayan y, por supuesto, los motivos que lo promuevan. Cada crítico desarrolla unas características más que otras dependiendo también del objeto de su estudio --así como también de la óptica que se imprime-- y el resultado puede resumirse, en cada caso, con expresiones como: mensaje de desesperación(18), reflejo de esperanza(19) o carácter revolucionario(20), junto a otras como: escapismo(21) de la realidad, integrismo religioso(22), manipulación política(23)...

Los especialistas en el estudio de la apocalíptica antigua insisten en la pluriformidad y complejidad de estos escritos y en lo arriesgado de cualquier análisis simplista de los mismos, así como de los fenómenos que rodearon su desarrollo y proliferación. La influencia de la era nuclear y de la conciencia de la posibilidad real de una destrucción total, no sólo ha llevado hasta el extremo la secularización de lo apocalíptico -- hace tiempo que ya no hace falta la espera de intervenciones divinas para propiciar un fin mundial--, sino que ha despertado una avidez de conocimiento largo tiempo aletargado de lo que significa lo apocalíptico, un aspecto que ha perdurado --dentro de muy diversas formas y maneras-- a pesar de gran cantidad de susceptibilidades en el mundo occidental y que puede adivinarse que va más allá de la profecía concreta de un final catastrófico.

Para los estudiosos de la apocalíptica contemporánea es tal vez más sencillo diferenciar entre los Apocalipsis y los Apocalipticismos, así como precisar en los componentes --pre- o post- milenaristas-- de los fenómenos, pero el adjetivo apocalíptico sigue ante una situación de resistencia a la definición --como apuntaba David Ketterer(24)-- y atado a la consecuente larga lista de adjetivos que inevitablemente irán acompañándole, marcando al mismo tiempo su propia naturaleza compleja.

En esta comunicación, como se ha podido ver, no se ha pretendido resolver este problema polisémico, sino tan sólo mostrarlo, de forma bastante sumaria, en su actual situación y en sus distintas representaciones.



NOTAS
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1. P. Zimbaro, The Encyclopedia of Apocalyptic Literature, Santa Bárbara, 1997.

2. B. McGinn, John J. Collins & S. Stein (ed.), The Encyclopedia of Apocalypticism, 3 vol., New York, 1998.

3. A. Piñero, "La apocalíptica dentro de la literatura intertestamentaria", II Simposio Bíblico Español (1987).

4. Esta es la opinión de especialistas como J. J. Collins, The Apocalyptic Imagination: an introduction to the Jewish matrix of Christianity, New York, 1987, en relación a las conocidas ideas de Klaus Koch y Ernst Käsemann.

5. Este es un término que, exceptuando los trabajos más modernos sobre apocalíptica, es prácticamente imposible encontrar. En el diccionario de la Real Academia de la Lengua no aparece.

6. «La propia idea de América en su historia es apocalíptica», D. Robinson, American Apocalypses: The Image of the End of the World in American Literature, Baltimore,1985.

7. Cfr. J. W. Davidson, The Logic of Millennial Thought: Eighteenth-Century New England , New Haven, 1977; J. H. Moorhead, "Apocalypticism in Mainstream Protestastism, 1800 to the Present", The Encyclopedia of Apocalypticism, op. cit., pp. 72-107.

8. S. Bercovitch, The Puritan Origins of the American Self, New Haven, 1975.

9. Cfr. D. Glanz, "The American West as Millennial Kingdom", L. Parkinson Zamora (ed.), The Apocalyptic Vision in America, Ohio, 1982.

10. En muchas de estas religiones el propio nombre indica su carácter o acento apocalíptico: La Iglesia de Jesús de los Santos de los últimos días, Los Adventistas del Séptimo Día, Los Testigos de Jehová...

11. Un hecho que aunque puede parecer marginal es ciertamente representativo son los escasos ejemplos de profetismo apocalíptico europeo y el contenido de los mismos. Un ejemplo reciente fue el de las profecías del popular modista Paco Rabanne. Lo curioso y a la vez significativo es que a pesar de ser profecías escatológicas, la referencia se hacía a las profecías de Nostradamus y no a las del Libro del Apocalipsis. Esto es una muestra, un tanto anecdótica, de la evidente diferencia entre la importancia concedida y la poca familiaridad de la sociedad europea --tanto en ámbito católico como protestante-- con el Libro del Apocalipsis en concreto y con la Biblia en general, respecto a la sociedad norteamericana.

12. Cfr. "Hal Lindsey and the Apocalypse of the Twentieth Century", S. O´Leary, Arguing the Apocalypse, N. Y., 1994; S. Bacchiocchi, Hal Lindsey´s Prophetic Jigsaw Puzzle: Five Predictions that Failed, Rome, 1998.

13. W. White, The Coming Russian Invasion of Israel, Minneapolis, 1981; M. Rosen, Overture to Armagedon. Beyond the Gulf War, San Bernardino, 1991; T. Mc Call, Coming the End: Russia and Israel in prophecy, Chicago, 1992...

14. Cfr. Grace Halsell, Prophecy and Politics. Militant Evangelist on the Road to Nuclear War, Wetsport, 1986; Jeffrey K. Hadden (ed.), Prophetic Religions and Politics. Religion and the Political Order, N. Y., 1986.

15. En el congreso de Upsala, recogido por David Hellholm en Apocalypticism in the Mediterranean World and in the Near East, Tübingen, 1989, numerosas comunicaciones reincidieron sobre este punto: G. W. E. Nickelsburg, "Social Aspects of Palestinian Jewish Apocalypticism", op. cit., pp. 641-654., A. Y. Collins, "Persecution and Vengeance in the Book of Revelation", idem, pp. 729-750, etc. Son más conocidas las circunstancias de conflicto en el judaísmo intertestamentario y en los primeros tiempos del cristianismo, por ello resulta interesante comprobar en el propio mundo antiguo la constatación de este hecho fuera de estos ámbitos; para ilustrar este punto confrontar el artículo de G. Widengren, "Leitende Ideen und Quellen der iranischen Apocakalyptic", idem, pp. 77-162, en relación al mundo iranio.

16. Cfr. las ideas aparecidas, por ejemplo, en L. Hill, "Marguerite Duras: Sexual Difference and tales of apocalypse", Modern Language Review 84 (1989) pp. 601-614 o en C. Keller, Apocalypse Now and Then: A Feminist Guide to the End of the World, Boston, 1996, con los trabajos de teología-feminismo-apocalíptica como: E. Schüssler-Fiorenza, Apocalipsis: visión de un mundo justo, Estella (Navarra), 1997; Anne Primavesi, Del Apocalipsis al Génesis: Ecología-Feminismo-Cristianismo, Herder, 1995.

17. No por ello el dualismo deja de ser propio del resto de los apocalípsis antiguos, tanto judíos como cristianos.

18. J. May, Toward a New Earth: Apocalyptic Literature, Notre Dame, 1972. Este autor utiliza este término para referirse concretamente al caso de la literatura afro-americana.

19. M. Lavon Montgomery, The Apocalypse in African-American Fiction, New York, 1996.

20. L. Parkinson Zamora, The Apocalyptic Vision in America, op. cit.

21. B. Brummet, "Premillennial Apocalyptic as Rhetorical Genre", Central States Speech Journal 35 (1984) p. 87.

22. S. O´Leary, Arguing the Apocalypse: A Theory of Millennial Rethoric, New York, 1994.

23. C. Strout, The New Heavens and the New Earth: Political Religion in America, New York, 1974.

24. D. Ketterer, Apocalipsis, Utopía, Ciencia Ficción. La imaginación apocalíptica, la Ciencia Ficción y la Literatura Norteamericana, Buenos Aires, 1976.